DENSIDADES URBANAS

Uno de los debates más jugosos que tienen lugar recurrentemente sobre la ciudad en las sociedades avanzadas es el que se refiere a la densidad urbana más adecuada para el futuro.

Este es uno de los complejos temas que requieren una consideración desapasionada. Es necesaria una argumentación rigurosa para superar esas visiones engañosas que tiñen todo lo que tiene que ver con la ciudad. Las diferentes perspectivas aportadas a la arena política que se han venido ofreciendo en los últimos tiempos, sobre todo a través de los medios de comunicación, se caracterizan por apriorismos y simplificaciones que fácilmente son pasto de la demagogia.
Por ejemplo, en mi entorno, el archipiélago canario, resulta curiosa la visión ecologista y de las organizaciones afines situadas fuera de las instituciones. A partir de una idealización de lo rural y de la vida pastoral, propugnan una vuelta a unos idealizados entornos agrarios, incontaminados por la civilización, para construir la residencia en el campo y denostar al mismo tiempo el crecimiento urbano.
Con ello se enarbola una bandera suicida que ignora una parte del problema. Aquel que se refiere a localizar en el territorio una población que crecerá tremendamente en los próximos veinte años. Sí no se diseñan las condiciones para un aumento de la densidad en los ámbitos ya urbanizados, este crecimiento se va a concretar, como así viene ocurriendo, en la ocupación indiscriminada del escaso suelo rústico que se conserva en un entorno muy limitado como es el insular. Un espacio que probablemente se va a necesitar para la alimentación de esa misma población y que no debería despilfarrarse con una ocupación residencial dispersa.
Actualmente en Tegueste, un pequeño municipio de la isla canaria de Tenerife, se mantiene un pulso tenso entre las instituciones y los grupos ambientalistas que argumentan que no debe de producirse un crecimiento de lo urbano, ni el desarrollo de su compactación, tal y como propugna el nuevo Plan de Ordenación Urbana que redactamos. Estos mismos ámbitos urbanos cuentan hoy con una densidad muy baja, inferior a 45 habitantes por hectárea. Suponen una oportunidad para acrecentar la concentración poblacional y, en contrapartida, la defensa real de los entornos agrícolas circundantes. Ello, sin merma de unas condiciones ambientales con alta presencia de espacios naturales y arbolados.

Municipio de Tegueste, Tenerife. Alternativas al modelo de crecimiento. Izquierda crecimiento disperso incontrolado. Derecha , compactación de los núcleos urbanos propuesta por el nuevo Plan General de Ordenación

Sin embargo, esas organizaciones políticas de izquierda presentes en este municipio, junto con asociaciones y grupos ecologistas, defienden el freno al crecimiento poblacional de esos entornos urbanos así como la restricción completa del incremento de los aprovechamientos, ofreciendo como alternativa la liberalización de la construcción de viviendas directamente en cada finca agrícola. Un planteamiento que entra en contradicción aparente con un planteamiento genérico de defensa del medio ambiente.
El problema de las posiciones basadas en creencias es que no suelen tener una base racional si no que parten de una apreciaciones previamente asumidas. Un biólogo amigo, Antonio Machado, suele distinguir entre ecólogos y ecologistas, identificando a los primeros con aquellos especialistas que basan sus opiniones sobre el medio en la racionalidad mientras que a los segundos los caracteriza como aficionados que enjuician las cuestiones territoriales a partir del seguimiento de consignas no fundamentadas y con fuerte repercusión en los medios de comunicación.
Otro enfoque radicalmente opuesto sobre la cuestión de la densidad es el que ofrecen determinados arquitectos obnubilados por las concentraciones urbanas extremas como Manhattan o Hong Kong. En unas recientes declaraciones, el arquitecto madrileño Luis Fernández Galiano decía Benidorm es genial. Es una ciudad densamente poblada pero construida en vertical lo que supone muchos menos problemas medioambientales que los que causan las urbanizaciones de la sierra de Madrid. Puede que sea un sueño vivir en una casa en lugar de un edificio, pero un sueño multiplicado por dos millones es una pesadilla.

El espacio urbano del centro de Hong.Kong. Foto: Daniel Herrera

Como planteamiento genérico la reflexión de Fernández Galiano pudiera parecer correcta en relación al gasto de energía ya que un entorno urbano denso, como el de Benidorm, supone una altísima concentración poblacional, que supera holgadamente los 500 habitantes por hectárea. En consecuencia, su consumo energético por persona es bastante bajo, al disminuirse drásticamente las necesidades de desplazamientos en vehículo privado. No obstante, la forma urbana resultante de esa ciudad mediterránea que se pone como ejemplo es bastante discutible. El agobio de sus espacios públicos, la escasez de zonas verdes y servicios y las dificultades de tráfico indicarían que algo falla en esos lugares de alta concentración de actividades y población. En una situación teórica de escasez de combustible, los rascacielos serían impracticables debido a la imposibilidad de garantizar la fuerza mecánica necesaria para su funcionamiento. La ciudad en altura es otra utopía que está perjudicando la calidad de las grandes urbes.
Un ámbito intermedio entre los dos ejemplos anteriores, en lo que se refiere a densidades urbanas, lo ofrecen algunos barrios emblemáticos de Londres. Kensigton, Chelsea o Notting Hill son espacios con una magnífica calidad urbana que se caracteriza por la presencia de innumerables parques y que, sin embargo, reunen una buena cantidad de población. Un estudio reciente titulado 20 propositions for a better London, publicado en la revista Architectural Review de Septiembre de 2007, ilustra al respecto. Este trabajo trata de recuperar la visión de la planificación urbanística y territorial como un instrumento necesario para organizar la convivencia colectiva en las ciudades después de años de descrédito en los países anglosajones.

Barrio de Notting Hill, Londres. Imagen extraída dede Google Earth

En él se señala que Kensington es uno de los distritos con mayor densidad de población nacional, si se toma como referencia al Reino Unido, superando los 130 habitantes por hectárea. Uno de los barrios más agradables, de mayor riqueza y mejor ambiente urbano de la capital británica que, sin embargo, presenta una concentración poblacional relativamente alta. Curiosamente, en la imaginería popular de ese país la alta densidad se identifica con edificios en altura, vivienda pública, pobreza, criminalidad y mala calidad de vida. Ladbroke Gardens, Notting Hill. Foto: Villamote, Flickr

En las últimas semanas, en relación a la cuestión de la densidad de la urbanización, también se ha difundido un estudio muy interesante de la Comisión Europea. Se titula La extensión urbana descontrolada en Europa, un reto ignorado (Urban Sprawl in Europe). En él se ofrece un análisis de las razones por las que es tan atractiva la urbanización extensiva y sin control. Fenómeno que se ha extendido como la pólvora en las regiones avanzadas del mundo desarrollado (el conocido sprawl de los países anglosajones). Este es un problema a resolver por los graves inconvenientes ambiéntales y de despilfarro territorial que aporta como alternativa para albergar el crecimiento poblacional futuro. Un caso extremo de estos procesos altamente insostenible es el que se señala que ha ocurrido en la costa mediterránea española.

Localización del desarrollo urbano descontrolado en la costa del Mediterráneo español. European Environment Agency

El estudio presenta la aceleración del sprawl como una realidad predominante de la urbanización en el conjunto de la Unión Europea y otros países de su entorno. Las claves de esta extensión indiscriminada de la urbanización, según el análisis llevado a cabo, tendría que ver con la expansión de nuevas actividades económicas y el continuo despliegue de nuevas redes de transporte masivo de pasajeros y mercancías así como un precio relativamente alto del suelo en los espacios centrales ya urbanizados de las ciudades. Debido a ello, la atracción para residir en los núcleos urbanos ha disminuido progresivamente mientras que la supuesta calidad de vida asociada a las áreas rurales, incluyendo los suburbios más próximos a lo natural habría producido un notable incremento de la apetencia colectiva para residir allí.
De acuerdo a las conclusiones del estudio, este atractivo hacia entornos menos urbanizados estaría motivado también por un patrón social en el que las familias con niños pequeños preferirían desplazarse hacia las áreas rurales suburbanas fuera de la ciudad mientras que la población mayor y los solteros elegirían la permanencia en las zonas centrales. El ideal rural suburbano tiene que ver con un patrón edificatorio caracterizado por los modelos de vida americanos, exportados a todo el mundo por toda una sutil parafernalia ideológica que ejemplifican películas como American Beauty. La casa aislada o adosada sería el paradigma al que deben aspirar las familias acomodadas.
Otro de los poderosos argumentos que apoyan esta emigración a la periferia consistiría también en la consideración de la vivienda aislada como uno de los mejores canales para invertir el ahorro familiar. Este bien de inversión garantizaría una alta tasa de retorno debido a la percepción del incremento acelerado de su valor en los últimos tiempos, frente a las revalorizaciones menores de las propiedades en las zonas más centrales.
Uno de los problemas más importantes que se derivan de la extensión de la urbanización de baja densidad es el que corresponde al alto consumo energético que se produce en la ciudad dispersa al igual que la desestructuración de las bases sociales y el fomento del individualismo. Ciudades americanas altamente dispersas en baja densidad como Houston o Phoenix son potentes consumidoras de energía mientras que los espacios densamente urbanizados como Hong Kong o Singapur se colocarían en el extremo opuesto.
Una tabla ofrecida por este trabajo señala que las bajas densidades conllevan unos importantísimos costes energéticos ligados al transporte. De acuerdo a ello, densidades bajas, inferiores a las 50 viviendas por hectárea, supondrían la inversión de más del 12% del Producto Interior Bruto de una región o ámbito territorial. Entre 50 y 100, este consumo se situaría alrededor del 8% y a partir de 100 viviendas por hectárea disminuiría por debajo del 6%. A mayor compacidad urbana, mayor eficiencia económica del sistema territorial.
Analizando los impactos y escenarios alternativos del sprawl suburbano en diferentes contextos metropolitanos europeos es interesante destacar las reflexiones ofrecidas sobre lugares tan distintos como Madrid y Munich.
En el primer caso, se presenta a la capital española como un enclave con una economía expansiva pujante junto con un soporte de planificación muy débil. Según los datos aportados, la región madrileña ha experimentado un crecimiento residencial considerable con más de medio millón de viviendas construidas en menos de 15 años a partir de 1990. Este crecimiento se ha producido de una manera extensiva y mediante la creación de enormes áreas residenciales de baja densidad, puntuadas por centros comerciales y parques empresariales, lo que ha acelerado el impacto en la congestión de unos desplazamientos en vehículo privado, de recorrido cada vez más lejano y tupido a pesar de las fortísimas inversiones en infraestructura viaria.
Todo ello, llevado a cabo sin el apoyo de una planificación que balanceara las fuertes tendencias a la dispersión en curso. El descrédito ideológico del planeamiento en las últimas décadas ha forzado un debilitamiento de los esfuerzos para contrarrestar racionalmente las tendencias sociales y económicas hacia la ineficiencia espacial, sobre todo en regiones como la madrileña en las que la gran diversidad y número de actores municipales no han facilitado la coordinación administrativa y normativa necesaria.
Un proceso diferente es el que ha tenido lugar en el mismo período en la región metropolitana de Munich. La tercera ciudad de Alemania ha mantenido un alto nivel de compacidad urbana mientras ha crecido un 50% en población desde 1950 hasta aproximarse a los 2 millones de habitantes. En este caso, el desarrollo que ha experimentado la superficie urbana no ha sido superior al de la tasa de crecimiento poblacional, constituyendo un ejemplo de buena práctica de planificación urbana.
En la capital bávara se ha visto a la cooperación regional como el único camino para salvaguardar un desarrollo equilibrado entre el municipio central y sus vecinos. La consolidación de un Asociación Regional para la Planificación Espacial ha llevado implícita la aplicación de normas regulatorias coherentes y fuertemente racionales en las que los objetivos se han centrado en las siguientes cuestiones:
Búsqueda del equilibrio entre los intereses económicos, sociales y ambientales para lograr un balance espacial apropiado.
Priorización del desarrollo de las áreas vacías (antiguos cuarteles, fábricas abandonadas, infraestructuras ferroviarias en desuso, etc.) dentro de la estructura urbana ya consolidada, en vez de facilitar la ocupación de nuevos espacios en la periferia.
Potente énfasis en el apoyo a la extensión de las redes de transporte público y, al mismo tiempo, limitar el desarrollo de nuevas carreteras a un mínimo imprescindible.
Preservación y mejora de importantes superficies para espacios libres y áreas recreativas, tanto dentro como alrededor de la ciudad central.
Finalmente, en Munich se ha garantizado una alta cooperación interadministrativa y una implementación adecuada de los recursos necesarios para llevar a cabo todas las políticas espaciales relevantes.

7 comments to DENSIDADES URBANAS

  • Federico: por lo que sé (y es un tema en el que llevo trabajando algún tiempo) la mayor parte de las cosas que se dicen sobre las densidades son, simplemente, “opiniones de tertuliano” (ahora ya no existen las “habladurías de café”) sin base científica alguna. Empezando por el propio cálculo de la densidad (¿qué se pone en el denominador? ¿la división administrativa? ¿dónde acaban muchas de nuestras ciudades? ¿cuál es el límite?) y terminando por la descontextualización verdaderamente asombrosa que se hace del tema. NO ES LO MISMO una densidad de 40 hab por hectárea en una ciudad de 10.000 habitantes que en otra de 3.000.000, en una ciudad de borde de mar que en otra de meseta, en una en pendiente que en otra en llano, en una cultura mediterránea que en otra anglosajona. Esta cuestión, tal y como está planteándose ahora mismo, diría que es una especie de mito que sólo sirve para justificar desmanes. Benidorm es un desmán, porque todas las ciudades de vacaciones del tipo de Benidorm lo son, independientemente de que sean más o menos densas (?). El coste energético de los desplazamientos locales es despreciable al lado del de llevar a miles de alemanes, ingleses o daneses a la Costa del Sol (o a Canarias) y devolverlos a sus países. El turismo es la actividad más insostenible del planeta y su única justificación es el reequilibrio de rentas entre el habitante local y el turista. Pienso que las cosas hay que verlas contextualizadas y, sobre todo, con sentido común. No se puede hablar de densidad en abstracto lo mismo que no se puede hablar de consumo energético aislando una parte de ese consumo. Ya hace tiempo que he dejado de manejar la densidad en el sentido tradicional del término porque pienso que no tiene demasiado interés, para centrarme en el terma de la servicios y los equipamientos, los mínimos de población que los hacen rentables y las distancias a recorrer para acceder a los mismos. Este tipo de análisis pienso que sí tienen un interés más real.

  • Está claro que esta es una cuestión muy compleja que no se puede enfocar de una manera simplista. No obstante, a mí lo que me interesa es la definición de la forma urbana más conveniente a partir de una posible delimitación en unidades o nucleos de ciudad analizables. La concreción o definición de estas unidades es algo en lo que no hay consenso y, por lo tanto, los distintos análisis no son comparables. Yo creo que hay que hacer el esfuerzo de definir parámetros homologables, habs por Ha., m2 construido por m2 de superficie bruta, m2 dotacional por habitante, etc. o los que sean para poder comparar.
    Una tarea que les toca a Uds. los académicos.
    En caso de no abordarlo tendremos eternamente a los opinadores diciendo sus tonterías habituales.

  • Federico: tienes toda la razón. Es imprescindible que tengamos un patrón común (la misma vara de medir) para poder comparar. Me temo que a determinados partidos, instituciones, incluso a personas concretas, esto no les interesa. No le encuentro otra explicación al hecho de que no exista un consenso mínimo para variables tan importantes como la densidad, la sostenibilidad, la calidad ambiental, el desarrollo, la calidad de vida, la dispersión o la fragmentación, entre otros muchos. En algunos vamos consiguiendo definir el concepto pero estamos muy lejos de consensuar metodologías de medición que permitan realizar comparaciones.

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  • Sr. Panciutti, Miroslav o Razmínoff:
    Los datos no me los he inventado yo. Son los que ha ofrecido Architectural Review.
    De todas maneras, hay 4 plantas de altura en duplex que son bastante curiosos.
    Incluyo una nueva foto a la entrada para apreciar la diferente forma urbana entre el exterior y el interior de los patios. Aquellos cuya verja saltaban Julia Roberts y el afectado de Hugh Grant en la película de ese nombre.

  • Xavier Adsuara

    Estoy completamente de acuerdo con el acuerdo que manifiestan ustedes dos. Lo cierto es que la mayor parte de los arquitectos urbanistas sienten un cierto rechazo a los números y no son del todo conscientes del significado, en términos de forma urbana y de otros efectos, de un numerito seguido de la pertinente unidad de medición. Eso permite que dé igual lo que se diga (incluso lo que se regule) y que, salvo honrosas excepciones, haya pocos de verdad interesados en lo que están planteando.

    Por ejemplo, a partir de tu imagen de Notting Hill he pasado un ratillo haciendo algunos números. El rectángulo que pones, tras localizarlo en GoogleEarth, compruebo que corresponde a unas 96 Has. He hecho algunos tanteos para dimensionar la proporción lleno/vacío y me atrevería a apostar que la misma no supera el 15%. Estamos pues hablando de una superficie ocupada bruta (respecto al conjunto urbano, no a parcela) de aproximadamente 144.000 m2. La edificabilidad bruta (valor relativo) del barrio sería la ocupación bruta multiplicada por la altura promedio. De mis recuerdos del barrio, diría que la altura promedio está entre dos y tres plantas. Tomando 3, resulta una edificabilidad bruta de 0,45 m2c/m2s (estoy seguro de que es menor). Digamos ahora que el 70% de esa edificabilidad es residencial, lo que da un índice bruto de 0,315 m2c/m2s o, más o menos, unos 300.000 m2c de viviendas. ¿Cuántas viviendas son esos m2 construidos de uso residencial? Tomamos un tamaño medio de 100 m2 para simplificar: son entonces 3.000 viviendas, lo que equivale a poco más de 30 viv/Ha. Fíjate que, con la equivalencia nemotécnica 1 viv=100 m2c, más o menos la edificabilidad bruta de un área urbana (multiplicada por 100) corresponde a la densidad en viv/ha. Ahora bien, si es verdad, como dices, que la densidad es de 130 habitantes por Ha, en el área de tu imagen deben vivir unos 12.480 habitantes; eso equivale que si estuvieran todas las viviendas ocupadas (poco creíble) el tamaño medio familiar sería de más de 4 personas por vivienda (¿creíble?). Si encima tenemos en cuenta que he jugado con parámetros al alza, vista la imagen que pones se me hace difícil aceptar que corresponde a una densidad de 130 habitantes/Ha. En todo caso, el ejercicio solo tiene por objeto poner de manifiesto la importancia de ponernos de acuerdo en metodologías y criterios de medición. Sólo entonces podremos discutir, más allá de cacareos, por qué no es lo mismo una densidad en una ciudad grande que en otra pequeña, etc … Saludos

  • Xavier Adsuara

    No era una crítica a usted, sr. García Barba. Simplemente quería poner de manifiesto lo difícil que es entender realmente algo cuando no se sabe cómo se ha medido. Estoy seguro de que la Architectural Review no indica eso, simplemente da el dato. Una sensación parecida me ha ido embargando hace un rato mientras leía el informe sobre el sprawl en Europa de la Agencia (que me ha bajado gracias a su enlace) y trataba de imaginar cómo, en la práctica, medirían lo que es sprawl y lo que no lo es con la definición que dan. Y, por supuesto, pensaba en sus aplicaciones sobre nuestro territorio. Convertir la teoría en herramientas de medición (primero) y de control (después); ese es uno de los retos. Y disiento contigo en que sea labor de académicos; lo que pasa es que es una tarea coñazo y de hormiguita. Pero alguien ha de hacerla, salvo que queramos seguir cacareando per saecula saeculorum.

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