LA SERIE NEGRA DE MARK ROTHKO

Homenaje a los Seascapes de Hiroshi Sugimoto. Foto: flight404, Flickr

Rothko fue un artista contemporáneo con una ambición infinita de conocimiento que se expresó en su deseo de lograr un lenguaje poético seminal, liberado de cualquier connotación y referencia. Una apasionada forma de abstracción que remite directamente a la idea de trascendencia y religiosidad. Aquí relato una experiencia personal relacionada con su obra.

<--- El horizonte sobre el mar es una realidad siempre presente para los que habitamos en islas. Invariablemente de una manera o de otra, a lo largo del territorio insular se percibe esta línea que divide en dos planos el espacio cotidiano. El sucesivo cambio del color del cielo, el discurrir de las nubes y la posición del sol constituyen aspectos de un espectáculo con una amplia variedad de matices que nos remite a la idea de infinitud y la constante relación del hombre con el universo.

Ionion sea. Seascape de Hiroshi Sugimoto. Imgen extraida del blog Spoon and Tamago

Hace unos años tuve ocasión de visitar Basilea en Suiza con unos compañeros de profesión para apreciar su arquitectura reciente. Durante una semana nos desplazamos por varias ciudades de ese país, acercándonos a curiosos edificios y espacios urbanos impolutos. Nuestro recorrido incluyó muchos lugares alrededor de nuestra base en Zurich e, incluso, nos adentramos en Francia y Austria, visitando dos obras carismáticas de Le Corbusier y Peter Zumthor, la iglesia de Notre Dame du Haut en Ronchamp y la Kunsthaus de Bregenz. Mi impresión general es que el Norte de Suiza es una región fronteriza que se caracteriza por un fuerte cosmopolitsmo y una gran sofisticación, resultado de una altísima acumulación de riqueza. Algunos arquitectos solemos practicar esa especie de rito religioso reiterado, que consiste en la aproximación a las obras de arquitectos reconocidos en una especie de peregrinación trascendente. Un hecho casi religioso que enlaza con una idea reflejada en un libro extraordinario del crítico literario George Steiner titulado La Nostalgia del absoluto: la incansable búsqueda contemporánea de sustitutos espirituales en una época de laicismo y de creciente abjuración respecto a las distintas confesiones en Occidente.
Un día nuestro grupo se desplazó a ver el famoso Museo Vitra en la pequeña ciudad alemana de Weil am Rheim, para contemplar la colección de pabellones y edificios de reconocidos arquitectos internacionales acumulados en ese lugar. En una decisión improvisada sobre la marcha, la mayoría optó esa tarde de primavera por visitar la capilla de Ronchamp en Francia, mientras que yo elegí acercarme a la cercana Fondation Beyeler -un fantástico edificio de Renzo Piano- cruzando nuevamente la frontera suiza. Mi intención era contemplar el conjunto de cuadros postreros que forman una parte de la famosa serie negra de Mark Rothko y que allí se expone habitualmente, junto con otras maravillas atesoradas por los galeristas Hildy y Ernst Beyeler a lo largo de las décadas centrales del siglo XX.
Un taxista alemán me acercó desde las instalaciones de Vitra a Riehen, donde se encuentra la Fundación Beyeler, atravesando los primorosos campos cultivados y urbanizaciones de casas con perfectos jardines que conforman la periferia de Basilea. El museo de la Fundación Beyeler está al borde de un bucólico valle flaqueado por una carretera respecto a la cual el edificio se sitúa paralelamente, rodeado por árboles y agricultura. Renzo Piano proyectó un techo perforado que permite una eficiente iluminación cenital de las obras de arte y que enmarca fachadas acristaladas hacia vistas sobre los horizontes vegetales del espacio circundante.
Una vez abonada la entrada, me fui directamente a la sala que contiene las pinturas de la serie negra que pertenecieron a los Beyeler. Se muestran combinadas con estilizadas esculturas de Alberto Giacometti que, en mi visión personal, representan un esfuerzo del escultor para expresar una representación esencialista de lo humano.
Los densos lienzos de Rothko son grandes superficies de color que si bien en sus exponentes iniciales, se presentaban como grandes rectángulos enmarcados sobre un fondo neutro, fueron evolucionando hasta que, en la etapa final de la obra del artista, allí representadas, ocupan toda la superficie en una disposición bipartita dividida horizontalmente.
Siempre me intrigaron las escuetas manchas tonales que este pintor nos fue presentando paulatinamente a lo largo de décadas. En su lacónica expresión, contenían sin embargo, una fuerza extraordinaria que siempre me costaba entender. De ahí su enorme atractivo para mí. Siempre les he dedicado un buen rato en su contemplación allí donde me las encuentro, escudriñando su superficie y tratando de descifrar los trazos y pinceladas.
Desde las primeras piezas de los años 40, formadas por rectángulos informales de colores claros y tonos luminosos como los amarillos y beiges, la expresión del artista fue evolucionado con el paso del tiempo hacia la reducción expresiva. La estructura del espacio pictórico se simplifica, limitándose a unas pocas manchas horizontales sobre un fondo neutro. Al mismo tiempo, Rothko fue oscureciendo los colores y tonos elegidos, introduciendo los ocres, rojos, marrones y azules profundos. Alguna foto presenta al autor sentado en un sillón contemplando el cuadro en una postura contemplativa que, probablemente, duraría horas y días para encontrar y reconocer las profundidades de la expresión buscada.

Sin título. Rojo sobre naranja. Mark Rothko. Colección Beyeler

Un cuadro fascinante es el realizado en 1968, poco antes de morir, perteneciente también a la colección Beyeler y catalogado como Rojo sobre naranja. Desde mi punto de vista, puede ser una exploración de la expresión básica del sufrimiento a través del color. Algunos autores que se han adentrado con mayor criterio en la obra de este artista destacan su permanente ansiedad por la presencia de la tragedia en la historia de la humanidad a lo largo de los siglos.
En las preocupaciones de Mark Rothko, se produjo con los años un posterior deslizamiento en su pensamiento hacia los mitos como sujeto para una investigación de mayor calado. Las connotaciones religiosas se van haciendo omnipresentes de una manera progresiva y se refeljan en su obsesión por establecer un lugar ideal para la colocación de sus obras. Un hecho que adquiere su máxima significación en la denominada capilla Rothko que logra realizar en Houston por encargo de John y Dominique de Menil.
Para este artista, la importancia del espacio como punto de enlace entre lo humano y lo trascendente queda de manifiesto en muchas de sus consideraciones personales; sobre todo aquellas que quedaron expresadas en su libro póstumo, The artist reality. En él señala lo siguiente:
Si uno entiende, o si uno tiene la sensibilidad para vivirlo, la clase particular de espacio a la cual la pintura está orientada, entonces ha logrado comprender la más amplía motivación de la actitud del artista hacia la realidad. El espacio, por consiguiente, es la manifestación plástica rectora de la concepción artística de la realidad.

Sin título. Negro sobre gris. Mark Rothko, 1969. Colección Beyeler

Las obras que vi ese día en la fundación Beyeler, en una primera mirada consistían todas en dos planos de color muy oscuros, negro sobre gris sin más. Al acercarse el observador, se perciben innumerables matices dentro de los oscuros colores. Algo que la fotografía no es capaz de representar. En ese caso, el cuadro actúa como un escenario envolvente en el que nos adentramos en un espacio casi sideral, una especie de vuelo del espectador sobre un magma gaseoso. El límite de los colores acaba por presentarse como una suerte de horizonte en el que aparecen diminutas luces y sombras de un destino esperanzador en la distancia.
Mark Rothko trató de mostrarnos la tiniebla mística, aquel espacio donde la oscuridad emerge sobre el vacío y se extiende como una idea que preludia los orígenes de la creación, según nos explica Amador Vega en su ensayo Zen, mística y abstracción. Continúa este autor, el místico es un creador de la oscuridad, del desierto y del vacío que desea compartir con la divinidad.

Ozono. Una serie fotográfica de la artista keniana Ingrid Mwangi. Una interpretación desde el concepto reivindicativo de la negritud

Parecería que Rothko experimentó este trayecto religioso, un camino de retorno a la unidad primigenia de la que todo ha surgido en un ritual escenificado que exalta la nostalgia del principio. Según Mircea Eliáde, el que ha viajado hacia el origen del mundo en un esfuerzo de los sentidos, comparte el espacio de los seres supremos en una suerte de trance chamánico. Un argumentario filosófico y trascendente que me supera
Ese día, en la Fundación Beyeler, tenía también lugar una exposición retrospectiva de Henry Matisse. El pintor aparecía fotografiado en su estudio, ensimismado en la contemplación de una paloma. La magnifica muestra de Matisse ofrecía un contraste colorista a la serie negra de Rothko; una especie de relajación hedonista para descender de la potente expresividad de los paisajes del abismo representados por Rothko
unto al museo existe una parada de tranvía que acarrea a los viajeros con comodidad y prontitud al centro de Basilea. Elegantes señoras con sombreritos y estudiantes extremadamente educados forman parte del conjunto de usuarios del transporte público de la ciudad. El sistema de conexiones urbanas e interurbanas existente en ese país del centro de Europa es magnífico. Según cuentan, a pesar de su enorme riqueza y calidad de vida, casi un tercio de sus habitantes no posee vehículo propio.
Por la tarde después de atravesar el centro de la ciudad cogí un tren a Zurich que me devolvió al hotel donde nos hospedábamos en una escasa media hora. Una retorno a la cotidianeidad de la vida. —>

6 comments to LA SERIE NEGRA DE MARK ROTHKO

  • Querido Federico:

    primero agradecerte tu comentario de hoy sobre los “páramos” (¡qué diferencia puede hacer una tilde!): te deseo a tí también que tengas una buena entrada de año ;)

    Luego decirte que tuve una experiencia muy similar a la tuya cuando visité Basilea hace un par de años (en Diciembre) junto a mi mujer, aunque en vez de ir desde Weil am Rhein hicimos el camido de ida y vuelta en el delicioso tranvía que tenía la parada terminal frente al museo. Museo… delicioso donde los haya, tanto que desde entonces un gran poster con el edificio de RPiano visto desde el jardín (y las esculturas de Giacometti reflejándose en el estanque) adorna el salón de nuestra casa.

    Y… ¡qué decir de MRothko! Mi padre estuvo años obsesionado con él, y recuerdo muy bien como por fin lo entendí “todo” sobre él (MR) cuando mi padre me explicaba cada obra en la antológica que hace unos años tuvo lugar en la Fundación Miró de Barcelona: esa “angustia a través del color” que tú explicas, también cosas prodigiosas de orden técnico, como que pintaba el lateral de los lienzos donde se plegaban sobre el bastidor, para darle esa profundidad que parecía faltarle en el cuadro. Enfín, en esto, no podemos ser más afines. Un abrazo, y lo dicho, buena entrada de año. Am

  • Por si te interesa:
    http://www.soitu.es/soitu/2008/11/11/actualidad/1226403459_938565.html
    sobre como algunos han aprovechado el desconocimiento para criticar el arte abstracto y ciertas técnicas que usaba a la hora de pintar

  • gran historia federico, aunque se echa de menos esa foto del horizonte visto desde canarias según Federico García Barba. Un abrazo y feliz año!

  • Este comentario ha sido eliminado por un administrador del blog.

  • Afortunadamente, encontré tu blog buscando algo sobre Rothko y me gustó mucho tu entrada. Estaría agradecido si quisieras visitar mi blog y dejar algún comentario sobre mi entrada sobre Rothko (“Color Field Painting”). Un saludo.

  • Afortunadamente, encontré tu blog buscando algo sobre Rothko y me gustó mucho tu entrada. Estaría agradecido si quisieras visitar mi blog y dejar algún comentario sobre mi entrada sobre Rothko (“Color Field Painting”). Un saludo.

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