SINGAPUR, LA METRÓPOLIS INSULAR

Visión de la isla de Singapur. William Cho, Getty Images
Nuestra isla, limpia y verde ha batido todos los cálculos. El siguiente hito de nuestro desarrollo, nos llevará a forjar un país en el que nuestro pueblo y aquellos que vendrán después tengan el mejor hogar posible, ejerciendo una administración racional y prudente de nuestros recursos, optimizando el equilibrio entre el hombre y la naturaleza. Con Innovación inteligente y asociaciones estratégicas, prevaleceremos sobre nuestras limitaciones, para construir un Singapur que perdure para las generaciones venideras.
The Singapore Green Plan 2012
Queremos guiar las excavadoras a los sitios adecuados.

Recientemente comentaba con un colega y amigo la necesidad de dominar el inglés para poder seguir las cuestiones candentes en la discusión internacional sobre arquitectura y urbanismo. Actualmente, el inglés es la lingua franca en la que se producen los debates más ricos; para esos -y otros muchos- temas. El panorama cultural anglosajón es un territorio fértil para el intercambio continuado de ideas y propuestas y que, desgraciadamente, no suele trascender con agilidad a otros idiomas. Por ello es tan importante dominar con soltura ese idioma y en eso llevan desventaja los que se relacionan utilizando solo su lengua vernácula.
Viene esta reflexión a cuento de la traducción del extenso artículo de Rem Koolhaas, Sendas oníricas de Singapur, retrato de una metrópolis potemkim, realizada por Jorge Sainz, en una correcta edición de la editorial catalana Gustavo Gili y aparecida recientemente en castellano, quince años después de su publicación original en aquel grueso y mítico volumen titulado S, M, L, XL, del arquitecto y Bruce Mau.
Hace más de cien años, Adolf Loos publicaría Die potemkinsche stadt en el que reflexionaría críticamente sobre la transformación escénica del Ring vienés, un texto que yo mismo he citado recientemente. Loos se quejaría allí amargamente sobre la baja altura de miras de la sociedad austriaca para la construcción de una parte relevante de su ciudad, la ocupada hasta entonces por las murallas demolidas.
Si bien existe un paralelismo remoto, no se entiende claramente porque Koolhaas rescataría en Portrait of a Potemkim Metropolis or Thirty years of Tabula Rasa esa idea de fondo de la nefanda ciudad decorado que traslucía el artículo de Adolf Loos. Con ello, aparte de la demostración de una erudición extensa, este periodista arquitecto buscaría nuevamente el aval intelectual de un héroe iniciático, referencia constante de muchos de los que se vincularon en sus comienzos al Movimiento Moderno en arquitectura.  
 S,M,L,XL. Conrad Bakker, 2006
Lo destacado del caso de Singapur es que es un ejemplo muy interesante de la exacerbación de la concepción ilustrada de la metrópolis contemporánea. Un paraíso económico que ha renunciado en gran medida a la libertad en aras de la seguridad y el confort de sus ciudadanos, bajo la égida de una clase dirigente guiada por la estimulación de la meritocracia. Aquella nación isla de 640 km2 de superficie y en la que habitan hoy 5 millones de personas, situada junto al estrecho de Johor, entre naciones muy poderosas como Indonesia y Malasia, representa un fenómeno muy interesante de construcción social sobre la base de un sacrificio extremo y una intensa disciplina colectiva.
Singapur demuestra la manera en que se puede producir el desarrollo de una sociedad multicultural, teniendo como contrapartida la renuncia a elementos esenciales para la convivencia, tal y como la ha entendido la civilización europea a lo largo de varios siglos ya. Con casi 50.000 $ de PIB per capita, su modelo económico y político, que se precia de ser un reflejo de esas maneras occidentales, y construido a lo largo de una cincuentena de años, sería un procedimiento exitoso para superar atrasos seculares. Un sistema que luego intentarían seguir otros países y naciones, algunas tan vastas como China, inmersa hoy en la increíble transformación que está llevando a cabo.
Complejo Marina Bay Sands. Moshe Safdie&Associates. 2010
Según el nuevo prólogo de Koolhaas a aquel artículo, la isla asiática sería también una especie de anticipación de lo que estaría aconteciendo en nuestros entornos metropolitanos, en los que la renuncia a la privacidad y la libertad se va extendiendo de una manera inexorable. No obstante, el autor describe admirativamente el desarrollo de Singapur desde la perspectiva de las decisiones extremas que se han tomado para transformar un espacio insular degradado en la metrópolis por excelencia del siglo XXI. Sería así, para el arquitecto de Rotterdam, un ejemplo preclaro de otro espacio potemkinizado.
Tanto Loos como Koolhaas utilizarían aquella fabula fin de siecle para cuestionar la implantación de una idea de ciudad que les parecería reprochable. En el caso de Loos, para evidenciar la mediocridad de una arquitectura supuestamente historicista y en línea con los gustos de una burguesía vienesa, compuesta por nuevos ricos y mediocres. En lo que se refiere a Koolhaas, no estaría tan clara su motivación, siempre ácida y crítica. Parecería que su fascinación por los procesos radicales y complejos de transformación urbanística y metropolitana, lo inclinarían solamente a intentar desentrañar y describir los mecanismos ideológicos que facilitan esos cambios masivos en algunos territorios contemporáneos.
En su continuo peregrinaje por el mundo, este holandés errante habría revisitado Singapur a comienzos de la década de los años 90 y reflejaría en el texto que comento, su estupefacción con la transformación realizada:
Cumplí los ocho años en el puerto de Singapur. No fuimos a tierra, pero recuerdo el olor –dulzura y putrefacción, ambos aplastantes.
El año pasado volví. El olor se había ido. De hecho, Singapur se había ido, reformada, reconstruida. Había allí una ciudad completamente nueva.
Y extractaba entonces de su llamado Plan Verde, objetivos de transformación territorial solo comprensibles en un lugar guiado por un pragmatismo extremo, una actitud colectiva que no se detendría ante las ideologías ambientales a las que estamos acostumbrados actualmente en otros lugares. Europa, por ejemplo. Así lo expresaría Goh Chok Tong, primer ministro de la ex colonia, en 1991:
Nuestra visión es una isla con un mayor sentido de la “insularidad”: más playas, puertos deportivos, centros de vacaciones y posiblemente parques de atracciones, así como mejor acceso a un litoral atractivo y una ciudad que abraza más estrechamente la línea costera como signo de su herencia insular. Singapur estará envuelta en un manto de vegetación, tanto de zonas cuidadas por el hombre como extensiones protegidas de crecimiento natural con masas de agua entretejidas en el paisaje.
El ideal de una ciudad tropical de la excelencia, sin complejos ni romanticismos.
 Plano de la extensa red de transporte público de Singapur. Singapore MRT
Para Koolhaas, Singapur sería el paroxismo de lo operativo y como occidentales no podríamos entender el proceso en curso en esa metrópolis; algo que visto de fuera consideramos aberrante, debido a nuestra propia educada forma de entender el mundo. La isla en el extremo sur de la península malaya sería para nosotros la victima de un proceso de transformación en el que la racionalización rozaría la paranoia de lo extremadamente correcto y lógico. Indirectamente esta forma de expresarlo sería así un reflejo de la incapacidad organizativa, en Europa y América, para conseguir las ciudades que se necesitarían en la situación actual, la expresión inconsciente de una insatisfacción colectiva sobre nuestro entorno contemporáneo.
Esa metrópolis insular representaría para Koolhaas también una crítica descarnada a la estructura política que ha dado estabilidad a Occidente. Como continúa el texto, esa isla se alza como una alternativa altamente eficaz en medio de un paisaje de pesimismo casi total acerca de un posible futuro, un pertinente mundo posible de ambiciones claramente definidas, estrategias a largo plazo, una despiadada determinación para evitar los desechos y el caos que la estela de la democracia deja en otros lugares.
Aquella sociedad es, de una manera bastante acentuada, la construcción de un solo hombre, el chino Lee Kuan Yew que gobernaría la ex colonia británica durante décadas bajo el paraguas de una llamada al neoconfucianismo y con el apoyo de su organización política, el Partido de Acción Popular.
En su autobiografía, From Third World to First, Yew describe como en un momento dado, allá por 1960, su pueblo se vio en la tesitura de marchar en solitario por la senda de la historia y el progreso. Allí recordaría las enormes dificultades que supone afrontar una situación así: Hay libros que te enseñan como construir una casa, como reparar motores. Pero nunca he visto alguno que diga como construir una nación en base a una colección dispar de inmigrantes chinos, indios británicos y holandeses de las Indias Occidentales y como labrarse un futuro cuando el anterior rol económico de ese lugar, como almacén militar de la región para el Imperio Británico, desaparece de repente.
En el momento difícil de la independencia, Singapur era ya un puerto muy importante del sureste asiático pero -al mismo tiempo- su base económica era muy débil, basada exclusivamente en unos servicios logísticos muy primarios. En dos décadas aquel grupo humano heterogéneo lograría una transformación espectacular pasando de ser una sociedad extremadamente precaria y pobre a alcanzar un nivel de prosperidad equivalente al de cualquier país avanzado. Como titula Yew su libro Del Tercer Mundo al Primero.
Para ello, los habites de Singapur se dedicaron a cambiar sistemática y radicalmente la faz de la isla, sus estructuras sociales y también reformarían una economía frágil; un esfuerzo de una intensidad y dedicación, como mínimo, espectacular. Y sin remordimientos. Pero lo verdaderamente notable es que ello se produjo como consecuencia de una forma de gobierno apoyada en una planificación sistemática que ha extraído las mejores ventajas de una situación geográfica y económica relativamente favorable.
Proyecto para la Scotts Tower, Singapur. OMA y Rem Koolhaas, 2007
La transformación territorial de Singapur se incardinaría en la planificación económica general. Ese proceso se iniciaría con el establecimiento de una zonificación y compartimentación del espacio muy estricta, que se ha producido por fases de desarrollo planificado expresamente y en las que la elite ilustrada en el poder no ha descuidado las verdaderas necesidades de la población. Desde una economía portuaria simple, evolucionaría primero a un espacio industrial basado en sueldos muy bajos y una fuerza de trabajo disciplinada; luego pasaría posteriormente a incorporar una industria intensiva en talento y conocimiento, para apostar finalmente por convertirse en un nodo comercial y de servicios central para el sureste asiático.
En 1960 se crearía un organismo público, el Housing and Development Board (HDB, con plenas competencias para la ordenación territorial, tomando como referencia lo que se habría hecho al respecto en Gran Bretaña y Holanda especialmente. Una burocracia inteligente y muy bien dirigida que organizaría inicialmente las necesidades de vivienda y espacios para la producción, concentrados en inmensas estructuras fabriles de varios pisos, próximas a las renovadas instalaciones portuarias. El HDB guiaría durante varias décadas el proceso de transformación con la participación inicial de una multitud de expertos internacionales. Como el holandés Winsemius, un antiguo funcionario del ministerio de economía, implicado en la reindustrialización de los Países Bajos que representaría un papel crucial en el proceso planificador del cambio económico de la isla hasta 1980. Y urbanistas y arquitectos como Charles Abrams y Fumihiko Maki, un miembro destacado del grupo de los metabolistas japoneses.
Hoy en día, los holandeses mirarían admirativamente lo ocurrido en Singapur. La fundación Megacities Nederland invitaría en noviembre de 2002 al Dr. Lui Thai-Kerr, consultor de planificación urbana de la Republica Popular China, a dar una de sus conferencias anuales que se titularía Urbanising Singapore: optimising resources. Allí Steef Beuys, del Ministerio de Planificación Espacial, el famoso VROM, parangonaba Singapur como un modelo de desarrollo metropolitano a imitar. 
Localización de las principales infraestructuras de trasnporte en el estrecho de Johor. Singapur. World Metropolitan Atlas. 010 Publishers, 2004
Si bien Singapur representa un esfuerzo en positivo para superar unas condiciones de desarrollo muy precarias, al mismo tiempo establece un patrón de colonización geográfica de alta insostenibilidad a largo plazo. Las metrópolis contemporáneas, para que puedan funcionar, suponen la máxima concentración de recursos expoliados globalmente y administrados en puntos concretos del planeta mientras se devasta sistemáticamente la superficie terrestre. Serían las maquinarias necesarias e imprescindibles para el funcionamiento del capitalismo avanzado. El problema es que las global cities enriquecidas, en las que la vida alcanza un alto grado de bienestar, reducen paulatinamente su número a unos pocos enclaves. Y ello, con la contrapartida de la extensión de la pobreza a nivel mundial y también hacia el resto de los entornos metropolitanos e, incluso, dentro de esas mismas megaregiones prósperas.
Sin embargo, esa isla metropolitana no deja de ser admirable como expresión del grado extremo de sofisticación que ha alcanzado esa tecnobiosfera que habitamos.

HADID Y FOSTER

 Sede de la empresa aseguradora Swiss Re. St. Mary Axe, 30 Londres. Foster and Partners, 2004
Semanas atrás, Babelia -el suplemento cultural del diario El País- celebraba su milésima aparición semanal con una colección de intervenciones de reconocidas personas del mundo de la cultura global. Allí aparecían las reflexiones de dos miembros significativos del panorama espectacular de la arquitectura contemporánea: Zaha Hadid y Norman Foster.
La primera titulaba su aportación -redactada en colaboración con Patrick Schumacher- como Edificios adaptables, mientras el segundo deliberaba sobre El futuro de la arquitectura, en un extenso artículo personal. De alguna manera, ambos reflejaban ahí maneras diametralmente opuestas de entender el trabajo de los arquitectos y su aportación al progreso colectivo.
Mientras Zaha Hadid manifiesta una forma de entender la arquitectura como una de las Bellas Artes, poniendo el énfasis principalmente en la expresión estética, Norman Foster se ha caracterizado a lo largo de su ya dilatada trayectoria por una extrema confianza en la capacidad de la tecnología para superar los problemas de la humanidad.
 Retrato de Zaha Hadid. Michael Craig, 2008. National Portrait Gallery
Hadid y Schumacher organizaban su discurso sobre la arquitectura necesaria desde una reflexión selectiva sobre las cuestiones que nos amenazan actualmente y que exigen una respuesta colectiva inmediata. Parten de la constatación de la evidencia de la finitud y fragilidad del planeta y lanzaban un canto a la innovación como herramienta para la sostenibilidad ecológica.
Siguiendo la argumentación del texto se desprendería su apuesta por el desarrollo de las ciudades como aquellos espacios que ofrecen las mejores condiciones para el desarrollo de la cultura y la vida en común. Propondrían el estímulo a la productividad, la creatividad y la innovación como mecanismos para potenciar el avance de la humanidad. Argumentos para enmarcar una apuesta por una concepción esencialmente comunicativa de la arquitectura de las instituciones y lugares colectivos.
En el artículo que se comenta, liderado por esta arquitecta, el discurso pasa a continuación a hacer una exposición sobre la evolución económica de las sociedades occidentales, desde prácticas productivas que propugnarían la fabricación en masa de bienes indiferenciados al ensalzamiento de la organización contemporánea que se adjetiva como postfordista siguiendo a determinados ideólogos de la economía contemporánea que siguen a Schumpeter. Hadid presenta el postfordismo como un argumento positivo que aportaría flexibilidad espacial y constructiva, especializando las formas de la arquitectura.
Otro recursos ideológico que aparece en el texto para la apoyatura de una arquitectura particular -evidentemente la suya propia- es la apropiación del lenguaje científico ligado a la complejidad y a los mecanismos que regulan la interacción de las estructuras orgánicas. Algo parecido ocurre con las referencias a las técnicas y sistemas para el tratamiento de la información en situaciones ininteligibles o difícilmente comprensibles.
Pero toda la argumentación extraída de otras disciplinas próximas o lejanas cae en la superchería cuando Hadid y Schumacher dan el salto en la proposición de una última corriente artística, la solución definitiva para el avance de la arquitectura, a la que denominan parametricismo. Un nuevo estilo arquitectónico que vendría a sustituir a los ya anticuados postmodernismo y deconstructivismo de los años 80 y 90 del siglo XX.
Según ellos, el postfordismo exigiría patrones espaciales nuevos, adaptables, variados e integrados en la nueva economía que podrían resolverse desde ese parametricismo que se propugna. Este nuevo formalismo defiende que todos los elementos que componen la arquitectura y el urbanismo integran una construcción lingüística diferente que debe ser capaz de adaptarse y ser flexible al cambiante entorno. Frente a las formas geométricas rígidas y simplistas, la nueva estética paramétrica que se publicita se apoyaría en diseños maleables y dinámicos adaptados a contextos en evolución. La variación y la indeterminación formal serían así recursos compositivos esenciales de un nuevo estilo que se presenta como universalista.
Estación de bomberos de la fábrica VITRA. Weil am Rhein. Zaha Hadid, 1993
Finalmente, ese texto titulado Edificios adaptables, pasa a hacer una apología directa de la propia arquitectura de sus autores. Una representación adecuada de esas ideas en la vanguardia de la evolución de la arquitectura. Se recuerdan para ello algunas obras proyectadas y ya realizadas en España, como la llamada Torre Espiral para Barcelona o el Pabellón Puente de la Expo de Zaragoza de 2008.
A lo largo del tiempo, he tenido oportunidad de visitar algunos edificios de esta arquitecta, atraído por la brillantez de su imaginería, y acompañado por otros colegas también subyugados por unas fotografías difundidas hasta la saciedad por las revistas profesionales. En particular, hace varios años estuvimos recorriendo la famosa empresa de mobiliario Vitra de Weil am Rheim, donde se construyó el primer edificio de Zaha Hadid, una supuesta estación de bomberos para la fábrica. Recorriendo sus espacios distorsionados y extremadamente difíciles en su ejecución, se constata la sinrazón de una arquitectura concebida como una mera escultura visitable y cuya utilidad es dudosa cuando no, meramente imposible. Creo que ese edificio manifiesto nunca se ha usado realmente. Una muestra evidente del despropósito de esa arquitectura basada exclusivamente en la imaginería absurda y la arbitrariedad.
Algo similar ocurre con el Pabellón Puente de Zaragoza, un reclamo de marca, que, en su momento, contuvo una exposición espectacular sobre el agua y que comunicaba la nada. Actualmente, esa obra excesiva y caprichosamente compleja en su formalización estructural, está en un estado de abandono y postración que ha llevado al Ayuntamiento de la ciudad a convocar un concurso de ideas para establecer cual puede ser una funcionalidad apropiada para un contenedor inútil, un uso factible para ese espacio impracticable y cubierto sobre el río Ebro.
Esta forma espectacular y publicitaria de concebir la arquitectura coincide con unas estrategias de mercadotecnia, dedicada a la difusión de las marcas empresariales y urbanas -muy en boga en la última década- que reflejan descarnadamente la venta de lo innecesario y con ello, se extiende un despilfarro inaceptable de los escasos recursos financieros colectivos.
 Pabellón Puente de la Expo de Zaragoza. Zaha Hadid, 2008
En mi opinión, el planteamiento de Norman Foster es radicalmente diverso ya que parte de una posición ideológica humanista más a la busca del beneficio colectivo amplío, la confianza en la investigación sobre la tecnología para la resolución de los problemas técnicos que se desprenden de las amenazas contemporáneas. Foster en su artículo sobre el Futuro de la arquitectura quiere hacer un ejercicio de prospectiva sobre bases más sólidas.
Al igual que los anteriores intenta explicar el contexto contemporáneo extrayendo aquellas cuestiones relacionadas con la crisis de los recursos que constituyen un reto de primer orden para la supervivencia de la humanidad en las próximas décadas. Su visión social se refleja en su argumentación a favor de la eliminación de la brecha entre los países que disponen de los bienes y aquellos que padecen pobreza. Para ello, en uno de los primeros párrafos de su artículo propone -equivocadamente desde mi punto de vista- un aumento masivo de la producción y el consumo energético.
Es esa, una primera cuestión relevante que señala, aquella que se refiere a una disponibilidad energética menguante, que el arquitecto trata de enfatizar y sobre la que se esfuerza en dirigir el peso de su razonamiento para una necesaria transformación de la arquitectura. Lástima que se escamoteen o soslayen otras cuestiones también relevantes, relacionadas con la creciente escasez de materias primas, las insuficiencias alimentarias recurrentes y la injusticia de los sistemas de distribución y especialización impuestos. Todos ellos factores que se estimulan desde la actual organización del sistema económico mundial imperante.
 El arquitecto Norman Foster al mando de uno de sus aviones privados. 1994
La idea central que Foster aporta en este texto es que una reconsideración global de la arquitectura y el urbanismo permitirían un mayor ahorro y eficiencia en el consumo energético. Un ámbito de reflexión al que su equipo profesional ha dedicado mucho pensamiento y esfuerzo, conjuntamente con los ingenieros que colaboran con ellos. La propuesta de formas revolucionarias para el aprovechamiento de la energía solar y el estudio de las condiciones ambientales para la mejor disposición de la refrigeración y el aislamiento de la edificación, han llevado a Foster y sus asociados a innovar en la espacialidad de la arquitectura sobre bases más sólidas que las de la arquitecta iraquí. Otras reflexiones asociadas que propone y que tienen su interés se centran en el manejo del agua y los residuos, siempre desde la apuesta por la máxima intensidad, eficiencia y reciclabilidad.
Foster representa una alternativa exitosa frente a las potentes consultorías de ingeniería británicas, y una evolución de los tradicionales estudios de arquitectura de pequeña escala, que a lo largo de los años ha logrado consolidarse con un equipo amplío, muy bien estructurado y eficiente, que produce una arquitectura con una alta capacidad técnica y una formalización estética aceptable basada en la expresión directa de la tecnología asociada. Pero es que, más allá de la organización y los procedimientos, las bases filosóficas de Foster and Partners estarían mejor alineadas con una evolución positiva de lo que es necesario acometer en el campo del entorno construido. Al menos, en los países avanzados.
Otra reflexión interesante que se incluye en este artículo sobre el futuro, es la que se refiere a las perspectivas de la urbanización. Considera necesario actuar en la transformación de la organización actual de las ciudades, corrigiendo los problemas generados por la expansión incontrolada e insostenible en el uso del automóvil individual. Para él una movilidad más apropiada tendría que ver con la estimulación de una mayor densidad y compacidad en las áreas urbanizadas y la promoción de las superficies recuperadas para el peatón.
La apuesta en curso, para la construcción de la nueva ciudad de Masdar en Abu Dhabi, sería una respuesta del grupo de Foster a estas preocupaciones sobre como lograr un urbanismo más responsable en el consumo de recursos. El lema utilizado, de consumo cero de carbón, refleja una idea de autosuficiencia energética en la construcción y la movilidad que es sumamente respetable.
Espacio interior del London City Hall. Foster and Partners, 2002
Aunque es evidente que solo desde la arquitectura no se pueden resolver en su globalidad las gravísimas amenazas que atenazan a la humanidad, particularmente creo que ha quedado claro que valoro más positivamente, el esfuerzo intelectual de Norma Foster que las pirotecnias formales de Zaha Hadid.

LA REFORMA NECESARIA

Canarias ante la crisis de nuestras vidas
Por José Carlos Francisco
Ecopress Comunicaciones. Santa Cruz de Tenerife, 2010

Este es un libro que nos ofrece a los canarios una reflexión muy inteligente sobre el punto en que se encuentra el desarrollo de esta sociedad, desde una perspectiva económica y empresarial. Como suele ocurrir con los enfoques economicistas al uso, tiene un pequeño inconveniente que consiste en la aceptación del crecimiento económico como algo ineluctable para el mantenimiento de las condiciones actuales de progreso. Sin embargo, lo verdaderamente importante de este texto es que es una contribución seria al análisis de la situación actual y la proposición de alternativas para afrontar la gravísima crisis que se afronta en esta región.


Para este político y empresario canario, la creciente expansión de los intercambios comerciales globales es un axioma inmutable respecto al que debemos plantear nuestras alternativas de crecimiento y desarrollo. Es el problema que tiene la visión unidimensional de las especializaciones intelectuales contemporáneas, entre las que la economía es una representante paradigmática que se reviste con un cientificismo dudoso. Esa perspectiva se contrapone claramente a la de aquellas otras disciplinas científicas que señalan el proceso de deterioro planetario imparable. Y desde posiciones diversas tratan de evidenciar la insostenibilidad del sistema en la presente situación de esquilmación de los recursos naturales, junto a la extensión de las desigualdades planetarias. Tanto aquella visión economicista preponderante como la que propugna el advenimiento de un holocausto ecológico ofrecen argumentos contrapuestos que pautan en nuestros días el candente debate local sobre las verdaderas posibilidades del desarrollo regional.
José Carlos Francisco es un economista canario sui generis, que es aficionado a la prospectiva sobre el futuro de esta región archipielágica. Alguien que cultiva la visión estratégica, pretendiendo indagar hacia donde se va a orientar el futuro de los negocios y con ello determinar cuales son las posibilidades de participación de una sociedad tan diminuta como la que representan las islas Canarias en ese panorama global de inciertos cambios.
Frente a la mayoría de los oficiantes de la llamada ciencia lúgubre, aquellos que nos suelen ofrecer explicaciones sobre lo que ya ha ocurrido, Francisco inicia su análisis de la situación económica de Canarias mediante la descripción, primero de su interpretación de la historia reciente de Canarias, para pasar inmediatamente a describir el contexto nacional y las expectativas de intercambio con nuestro entorno geográfico próximo, la ribera occidental africana. Esta referencia al contexto temporal y geográfico próximo, aquellos hechos y espacios que nos afectan, propone una interpretación de las condiciones globales actuales, en las que se desenvuelve este archipiélago y, con ello, entrar a hacer una somera reflexión sobre el futuro. Francisco, aporta con ello una serie de apuntes sobre cuales son las estrategias que son imprescindibles para abordar un giro hacia una nueva orientación económica, señalando cuales son nuestras fortalezas y cuales son nuestras importantes debilidades actuales. Tanto, aquellas ventajas irreproductibles con las que contaríamos como los importantes corsés que nos habríamos autoimpuesto y sobre los que podríamos actuar desde la propia voluntad colectiva.
Las islas Canarias serían algo así como una gran región metropolitana, que ha realizado en las últimas décadas un importante esfuerzo de integración interna, aumentando sus interconexiones y estimulando flujos de intercambio comercial para lograr un mercado regional más articulado y cohesionado. Un entorno geográfico en el que habitan un algo más de dos millones de personas dispuestos principalmente a lo largo de dos arcos costeros situados en las dos islas centrales de Tenerife y Gran Canaria y que históricamente se ha basado en una economía de exportación, primero de productos agrícolas y, luego directamente, de servicios.
Sobre ese marco, para Francisco, el futuro progreso de Canarias deberá volver a apoyarse indefectiblemente en la industria del ocio y del turismo. Ello por diversas razones derivadas tanto de las condiciones geográficas y naturales como del grado de desarrollo ya alcanzado. El archipiélago es un destino turístico consolidado que ocupa el 14º puesto entre los lugares más visitados del planeta con 12 millones de viajeros anuales. Las islas cuentan con unas condiciones climáticas benignas durante todo el año, que son insuperables para nuestros competidores en la temporada de invierno desde Noviembre a Abril. Ofrece unas condiciones de seguridad estables y un entorno cultural y de servicios similar al de los países avanzados de Europa. También señala como ventaja la gran calidad y diversidad de las infraestructuras turísticas existentes, así como haber desarrollado ya una gran experiencia en este campo fruto de varias décadas de trabajo continuado.
Para la mejora de las expectativas empresariales del sector turístico de las islas propone la transformación de sus núcleos consolidados en una especie de Las Vegas orientado al continente europeo. Unas aglomeraciones de servicios en las que se ofertaran actividades de ocio, entretenimiento y juego como complemento a los usos habituales de esparcimiento ligado al baño y al disfrute del paisaje. Dice al respecto, que tenemos que ser el patio europeo, o sea el lugar donde un turista pueda divertirse, además de tomar el sol y darse un baño, accediendo a un nueva clase de ocio más sofisticado con grandes espectáculos y una oferta de entretenimiento en constante renovación como ocurre en la ciudad americana del estado de Nevada
Hotel New York New York, Las Vegas
Establece un punto de inflexión a este problema en 2003, año en que se aprueba la Ley de Directrices de Ordenación General y del Turismo. A la que considera un monumento a la ambigüedad y el exceso, un texto que ha pretendido establecer un marco coherente para el control del territorio, pero que desgraciadamente se ha revelado desproporcionado con sus numerosos preceptos de difícil y obligado cumplimiento. Si consideramos que junto a la Ley de Directrices se han aprobado posteriormente numerosos Reglamentos, Órdenes y nuevas leyes que inciden en aumentar el confusionismo, el panorama es realmente desalentador. Señala como consecuencia un perverso efecto económico que relaciona con este dificultoso marco legal en el manejo del territorio, el continuado deterioro del índice de nuestra convergencia con España y el resto de la Unión Europea en lo que se refiere al PIB per capita.
En otra línea, es muy interesante la reflexión que le merece la legislación autonómica sobre el territorio. Aquella que se ha ido acumulando en esta región a lo largo de la última década. A interpretar las claves legales del devenir del desarrollo último en Canarias dedica un capítulo titulado significativamente La vorágine legislativa. Allí expone una crítica extendida entre la clase empresarial que no por cierta, deje de ser simplista. Señala que, cuando en cualquier lugar de Canarias un emprendedor se plantea iniciar una actividad económica, te das cuenta que el territorio elegido, está regulado por multitud de leyes, decretos, planes vinculantes, etc. Y se han hecho tantas, que en ocasiones son incluso contradictorias, de modo que lo que te permite una regulación te lo impide otra. Refleja con ello claramente uno de los problemas más graves que padece actualmente el archipiélago, el exceso de legislación sobre el territorio con un carácter confuso y ambiguo. También, en muchos casos, incongruente y de difícil interpretación por el ciudadano corriente.
Una derivación de ese esfuerzo legal es el que se relaciona con la moratoria turística integrada en la Ley de Directrices y que ha paralizado el deseable proceso transformador y renovador de las iniciativas turísticas, detenidas desde 2003 como consecuencia del traslado del proceso decisor directamente al parlamento autonómico. Esas nuevas autorizaciones solo pueden establecerse en determinadas circunstancias muy precisamente tasadas en las que se prima en exclusiva un determinado segmento de la oferta turística, el que corresponde a los llamados proyectos excepcionales, orientados a la gama alta del negocio y que necesitan para su consideración obligatoriamente el complemento de campos de golf, puertos deportivos u otros servicios complementarios. Pocos se han llegado a tramitar y aprobar en estos siete años y los escasos que han obtenido la autorización parlamentaria preceptiva no han podido desarrollarse al entrar la economía en recesión profunda.
Por ello, Francisco señala la urgente necesidad de proceder a la reordenación de la legislación autonómica del territorio Y como dice acertadamente: es, sin duda, una de las reformas más urgentes. Debemos hacerla nosotros, porque aquí no pasa con la reforma laboral, que es competencia del Estado, así que será una tarea para los canarios.
Grado de adaptación a legalidad urbanística de los municipios canarios. En rojo, los que se ha adaptado a la Ley de Directrices de 2003, en naranja, los adaptados a la Ley del Territorio de 1999. En gris, el resto.
 También, este analista incide en cual es la influencia sobre aquellos problemas que los propios funcionarios y los políticos -en relación al papel de las administraciones públicas- tienen sobre los destinos de la región.
Francisco tilda a lo que ocurre sobre esta cuestión como la existencia de un régimen de mandarinato -en referencia a los funcionarios homónimos existentes en la China Imperial- en la que la actuación de funcionarios y políticos se retroalimentaban en su propio beneficio, olvidando el necesario servicio social al que teóricamente deberían dedicarse. Como también ha señalado George Soros, en nuestros días, las castas administrativas tienden a generar sus propias agendas para la defensa de sus intereses corporativos particulares. Una deriva que se acentúa cuando la clase política situada en la cúspide de la pirámide democrática está compuesta fundamentalmente por personas que están ligadas a la esfera pública.
Pero aquí hace una simplificación peligrosa al establecer esa comparación como algo que ocurre en el conjunto de las administraciones públicas y el personal que le sirve. Eso no es realmente así ya que la capacidad decisoria queda reducida solamente a una élite y el grueso del sector público que integra la educación y la sanidad poco o nada tienen que ver con el manejo económico de la región.
Lo que si sería acertado del apunte es que aquí, en Canarias la hipertrofia legal alimenta una burocracia administrativa excesiva en Ayuntamientos, Cabildos y Consejerías sectoriales que, en consecuencia, representan un impedimento muy importante para una posible transformación positiva de la economía canaria. El espacio que ocupan las administraciones locales y autonómicas ha ido estableciendo una madeja de competencias superpuestas que impiden un normal desenvolvimiento de las empresas y particulares. Las autorizaciones administrativas son hoy en día una losa gravísima que desincentiva una posible recuperación de la actividad y el empleo.
Para corregir este grave problema, José Carlos Francisco plantea una necesaria racionalización de las administraciones de carácter generalista, aquellas que otorgan licencias, permisos e informan jurídica y técnicamente. De acuerdo a ello, propone una drástica reducción de las administraciones locales en los ámbitos insulares y la eliminación de la superposición competencial entre las distintas esferas que rigen los destinos comunes de los ciudadanos canarios. Señala dos problemas que habría que abordar: su excesivo tamaño respecto al conjunto de la economía y la creciente ineficiencia de sus acciones. Se derivaría de ello una necesaria racionalización de la función pública. Sobre todo, en un momento en que las diferencias entre los que pagan los impuestos y los que viven de ellos se han incrementado positivamente para los segundos estableciéndose sangrantes privilegios.
Es más, exige la necesidad de empezar a medir el desempeño de la acción propia de las departamentos administrativos instituyendo objetivos de trabajo y valorando los resultados como única manera de establecer racionalmente la eficacia de los servicios que supuestamente se deberían prestar. Así, es como, atendiendo a indicadores internacionales, es capaz de establecer un diagnóstico sobre dos sectores clave en el sector público canario. Mientras la sanidad tendría un buen desempeño y ofrece una buena calidad en comparación con otras regiones del estado, la educación sería un absoluto fracaso. Este es un esfuerzo que debería hacerse y extenderse al conjunto de las administraciones públicas, locales y autonómicas.
Un libro valiente que, más allá de las quejas y lamentos habituales ofrece un análisis global y un marco riguroso de alternativas sobre las que establecer una discusión sobre el futuro colectivo de esta región. Y lo que es más valioso, en un momento de crisis extrema que se refleja en una cifra de paro que supera el 30% de los activos sin parangón en el resto del estado español.

ECONOMÍA Y SOSTENIBILIDAD

En esta página he agrupado algunos textos que he ido elaborando sobre una cuestión que nos debería preocupar bastante: la relación entre arquitectura, economía y sostenibilidad.
En el campo de la arquitectura desarrollada en España, el llamado Código Técnico de la Edificación se ha convertido en una verdadera pesadilla. Un instrumento administrativo más, que exige un esfuerzo excesivo para la justificación de condiciones obligatorias. Contiene errores de bulto en relación a los objetivos pretendidos de mejora de la calidad constructiva y el avance en la sostenibilidad de las tecnologías aplicadas a los edificios.
03/08/2010
SAMSO, UNA ISLA AUTOSUFICIENTE
Hay islas que han alcanzado un equilibrio más razonable para mantener a su población. La característica que más me llama la atención de este tipo de islas autosuficientes es su diminuto tamaño y una población pequeña en un relativo aislamiento del exterior. Un ejemplo muy significativo a este respecto y que ha tenido un éxito notable en lo que se refiere a su autosuficiencia energética, transformando una situación desfavorable en un período de tiempo relativamente corto, es el caso de la isla danesa de Samso, situada en el mar del Norte, entre la península de Jutlandia y la gran isla de Selandia en la que se sitúa la capital del país.
En el siglo XXI muchas regiones del planeta se verán abocadas a afrontar una reducción en su tamaño como consecuencia de la disminución de la población y de los enormes problemas ambientales ya generados, con el resultado de fuertes tensiones políticas y sociales. En el caso del Japón, si el decrecimiento poblacional continúa al ritmo presente se producirá una devastación de consecuencias impredecibles en los entornos urbanos y sus colectividades asociadas.
Una propuesta que se plantea dentro de un objetivo de mayor sostenibilidad, es recuperar la manera de ejercer la agricultura en las ciudades. Las llamadas granjas urbanas se imaginan como una forma de buscar espacios apropiados, y también hacer una arquitectura cuya funcionalidad esté directamente relacionada con la posibilidad de cultivar alimentos en entornos urbanos densos, Nueva York, por ejemplo.
Granjas urbanas 14/11/2009
Los economistas suelen ser una casta extraña de historiadores frustrados, especializados en explicar las cosas que ocurrieron en el pasado y pudieron hacerse de otra manera. Muy pocos entre ellos, son capaces de hacer prospectiva e intentar anticipar una explicación sobre cuales serán los fenómenos que nos depara el futuro. Algo que en las actuales circunstancias necesitamos con urgencia. Uno de esos raros especimenes es Santiago Niño Becerra, un economista heterodoxo que publicó en 2009 un libro tremebundo, titulado el Crack de 2010.
Cada año, entre Diciembre y principios de Enero, tiene lugar en Occidente la gran orgía anual del consumo -que es en gran medida, despilfarro- mientras en otras partes se sufre de una manera reprochable y en unas condiciones de subsistencia muy difíciles. Algo que, consciente o inconscientemente, se quiere ignorar y por tanto, no actuar en consecuencia.
Es conveniente divulgar algunas alternativas que nos permitan actuar frente a la gran depresión que se padece y adquirir consciencia de estos problemas que vamos prácticamente a tener que afrontar inevitablemente cuanto antes. Por ello, y dado que nuestros dirigentes y gobernantes parece que no se dan cuenta de ello, es conveniente empezar a intentar resolverlos con medidas que podemos realizar individualmente y que en una pequeña medida contribuyan a atenuar la crisis que define el panorama actual de nuestras vidas.
En 2007, los medios de comunicación europeos pusieron el problema de la inmigración en el primer plano de la atención pública. La atracción de las personas de los países desfavorecidos hacia las regiones desarrolladas se llegó a interpretar como el principal desafío al que debía atender las sociedades avanzadas como las nuestras. Un año después, la cuestión sobre cual es la alternativa futura más viable a los combustibles fósiles pasó a ser el centro del debate público en periódicos y televisiones.
En una reciente estimación aparecida en citypopulation, se identificaba a las 65 ciudades que ya han superado los 5 millones de habitantes. Casi dos tercios se encuentran en aquellas regiones del mundo en las que la población padece graves carencias de todo tipo.
25/01/2008
En el año 2006 se logró nuevamente la mayor cosecha de cereales de la historia con 1.600 millones de toneladas. Sin embargo y de nuevo, se ha demostrado insuficiente para cubrir una demanda en expansión acelerada.
Las regiones urbanas avanzadas del mundo, o megaregiones, constituyen la meta final de todos los emigrantes que desean una vida mejor. Y ello por una razón básica, es allí donde se concentran las condiciones para llevar adelante una trayectoria vital llena de facilidades y satisfacciones. Las megaregiones constituyen hoy en día, el imán que atrae recursos económicos, mercancías, personas y todo tipo de ventajas como consecuencia del intercambio desigual que preside las relaciones internacionales.
Reflexionar sobre la posibilidad del decrecimiento de las ciudades puede parecer exótico en un contexto generalizado de crecimiento exponencial de la población. Sin embargo, es algo que está ocurriendo en algunos lugares del mundo como consecuencia de la reducción acelerada de la población.
Un hecho trascendental para el futuro del de Canarias, ocurrido en 2007, pasó bastante desapercibido en esa comunidad. Por primera vez, se ha puso en marcha un proceso destinado a cambiar radicalmente el sistema de producción eléctrica de una isla entera a partir de una estrategia de autosuficiencia.
 29/07/2007
La isla de Tenerife ha venido padeciendo de una manera incremental un problema de congestión viaria que tiene su origen en la excesiva dependencia del vehículo privado para el traslado personal de sus habitantes. A este respecto, el tranvía inaugurado a comienzos del mes de julio de 2007, ha supuesto un antes y un después en los modos de desplazamiento en el área metropolitana de Santa Cruz de Tenerife.

KOOLHAAS, EL PERIODISTA ARQUITECTO

 Las marcas holandesas en su competencia global. Propuesta para la reubicación del aeropuerto de Schipol. OMA 1999
Rem Koolhaas ha logrado desarrollar una carrera profesional exitosa partiendo del relato cínico de la metrópolis contemporánea. Frente a la concepción heroica de sus admirados antecesores, aquellos que construyeron las tesis de la vanguardia en los Congresos Internacionales de Arquitectura Moderna, Koolhaas se limita a diseccionar los problemas urbanos más recientes, desentrañando las estrategias de escenificación que dan soporte y cobertura ideológica a la creciente imposición económica del capitalismo avanzado.
Su fascinación por los procesos caóticos e incontrolados que parecen definir la urbanización contemporánea le han mostrado un camino para describir los problemas estéticos de la convivencia en las ciudades desde una perspectiva diversa. Esa visión estetizante del mundo le ha impedido ejercer una crítica verdaderamente reformista más allá de la brillantez de las metáforas para la descalificación de aquello que no le gusta. El conformismo parece siempre aflorar desde el fondo de sus escritos a pesar de su radicalidad formal.
La vastedad de sus conocimientos y la brillantez de su escritura le han permitido construir una reputación internacional como gurú de la arquitectura e interprete de las cuestiones más actuales. Cada vez que llega a mis manos un texto de Koolhaas, lo leo con fruición. Algo que creo les ha venido ocurriendo a muchos arquitectos, a lo largo y a lo ancho del planeta durante los últimos treinta años. Es alguien que tiene una gran capacidad para arrastrarte en sus ensoñaciones y pensamientos a una visión nihilista del urbanismo y de la política de nuestros días.
 Arcilla cruda para architectos. La nueva visión de la ciudad americana. Hugh Ferris, 1929
En sus orígenes, Koolhaas se definía a sí mismo como un periodista que descubriría en la arquitectura una forma de entender la transformación social en el espacio global, experimentada a lo largo del siglo XX. Con el paso de los años asumiría un papel de liderazgo más destacado en la escena profesional. Viajero incansable, suele recorrer miles de kilómetros anualmente para hacer lecturas transversales de los distintos lugares que visita. Por ejemplo, en su excesivo libro manifiesto S, M, L, XL incluía numerosas gráficas a la manera de aquellas que emplean los economistas, para señalar sus 305 noches pasadas en hoteles y sus 360.000 kilómetros recorridos a lo largo de 1993.
Al finalizar sus años formativos, en 1978, publicaría una pieza maestra del periodismo arquitectónico, aquel fenómeno que se titulaba Delirious New York, ilustrado con magníficas viñetas de la pintora Madelon Vriesendorp. Un libro con ambiciones de manifiesto arquitectónico en el que ensalzaba las mutaciones sufridas por la ciudad de Nueva York a lo largo del siglo que va desde 1850 hasta la mitad del XX. Allí aparecía reflejada su gran admiración por la ciudad americana a través de ese tipo de figuras retóricas, inspiradoras y provocativas, que perfilan la esencia de su estilo discursivo. Perífrasis brillantes que explicaban Manhattan como la Piedra Rosetta del siglo XX o aquella otra en que describía a Brooklyn como apéndice clitórico en la boca del puerto natural de la metrópolis, en referencia a la forma que esa parte de la ciudad tiene en el mapa cartográfico.
Edificios X, Y y Z del Rockefeller Center. Wallace K. Harrison, arquitecto. Foto: Lucca martelucci, Flickr
Su recorrido delirante por Nueva York comenzaría con la somera descripción histórica de la inserción urbana de la pieza más representativa, Central Park, adjetivando el proyecto paisajístico de Olmsted como alfombra sintética de la Arcadia. Siguiendo el trazado de la construcción urbana, le interesaría reseñar la aparición de un nuevo paraíso artificial, aquel que supuso Coney Island. Aquel parque de atracciones junto al mar constituiría un experimento urbanístico fundamental; una estrategia que Koolhaas analiza brillantemente, y que sería el inicio de una nueva forma de estructuración de la ciudad contemporánea como decorado y espectáculo para el entretenimiento de las masas. Para él, la construcción de escenarios y la exaltación de las representaciones teatrales serían el epítome de la expresión urbanística del siglo XX, aquello que realmente importaría por encima de las realidades físicas metropolitanas. Una anécdota aun más interesante para él, es la que supondría la construcción de la moderna ciudad americana a partir de una precisa de su ordenanza volumétrica. Las complejas e intrincadas disposiciones normativas urbanísticas neoyorquinas, de carácter higiénico e iluminista, constituirían un marco que daría lugar a una especial formalización de la metrópolis. Un diseño urbanístico reglado que adquiriría posteriormente condición artística en los debates de Hugh Ferris y sus colegas en lo que llama Manhattanismo. La prueba definitiva de la expresión metropolitana de Nueva York la ejemplifica Koolhaas en el proceso de definición y concreción proyectual del Rockefeller Center. Un esfuerzo colectivo para la creación de una pieza representativa de la ciudad, en la que intervendrían los arquitectos locales más destacados de ese momento; entre otros, Andrew Reinhardt, Raymond Hood, Harvey Wiley Corbett y Wallace K. Harrison. Para Koolhaas, este conjunto urbanístico situado en la Quinta Avenida sería una obra maestra sin un liderazgo genial definido.
El libro se cerraría con la descripción del desembarco en la ciudad de dos brillantes ideólogos europeos amparados por visiones estéticas divergentes. Dalí y Le Corbusier serían preeminentes figuras intelectuales a la conquista del nuevo continente, que tratarían de imponer sus visiones respectivas en América estableciendo una primera cabeza de puente cultural a comienzos de los años 30. Mientras la inteligencia práctica de Dalí le permite alcanzar allí un reconocimiento si paliativos desde su primera vista, al suizo la notoriedad le es negada en una primera instancia.
Dalí utilizaría el método discursivo de la interpretación apropiativa, o crítico-paranoico en su especial jerga, para ganarse a los americanos:
Biuer! Ai bring ou surrealism. Aulredi meni pipoul in Niu York jove bin infected bai zi laifquiving and marvelous sors of surrealism.
Lo irracional a la conquista de las mentes puritanas de los americanos.
El camino hacia la fama de Le Corbusier sería más tortuoso. Aunque comparte con Dalí estrategias para la adquisición de notoriedad, el uso de reclamos epatantes para llamar la atención no le sirve inicialmente en aquella ciudad. Allí haría afirmaciones contundentes como que los rascacielos serían deformes, monstruos adolescentes de la edad de la maquina manejados sin sentido como resultado de una deplorable y romántica ordenanza urbanística. Finalmente, adquiriría la popularidad periodística buscada: Así surgen titulares como el que recoge su idea de que los rascacielos americanos son demasiado pequeños.
 Interior del edificio Educatorium de Utretch. Rem Koolhaas, 1997
 Finalmente, el innegable prestigio conseguido por Le Corbusier quedaría postergado por las maniobras en la sombra de los arquitectos neoyorquinos que absorberían su brillante despliegue de desplantes y espectáculos, integrándolo sutilmente en una dinámica de comités y recepciones. La etapa final creativa y ya declinante de Nueva York quedaría así reflejada en el episodio relacionado con la implantación de la sede de las Naciones Unidas en una plataforma de tierra próxima al East River. La colisión de planteamientos entre la ortodoxia moderna de Le Corbusier y los manejos negociadores de personajes como Wallace K Harrison, el gran muñidor en la sombra del Nueva York arquitectónico de mediados del siglo XX, llevarían inevitablemente a la renuncia del maestro europeo a su participación en la autoría colectiva de aquel edificio.
El epitafio de Nueva York como lugar en la vanguardia de la expresión arquitectónica lo representaría Koolhaas en las adiciones finales al Centro Rockefeller, los llamados edificios X, Y y Z. Unas escuetas cajas que representan simples extrusiones paralelipédicas de los respectivos solares que renuncian a la posible expresión apolínea, espoleada por el Manhattanismo.
Rem Koolhaas ostenta una ambición muy intensa para desentrañar las claves de los procesos urbanizadores contemporáneos, una actitud que le ha llevado a recorrer el mundo sin descanso. Este holandés errante de nuestros días ha visitado incontables ciudades de nuestro planeta en un esfuerzo por entender hacia donde nos lleva esta tendencia a la concentración humana en lugares específicos. Un ejemplo brillante de esta dedicación constante se condensa en su libro S, M, L, XL, que incluye innumerables disecciones, textos y gráficos explicativos de ciudades como Atlanta, Singapur, Paris y, por supuesto, las aglomeraciones holandesas. Ese esfuerzo lo continuaría en la serie de volúmenes mastodónticos, titulada Harvard Project on the City.

 Esquema de visuales para la ordenación de la Biblioteca Pública de Seattle. OMA, 2003
Parecería que su descreimiento en el futuro de la humanidad le ha llevado a adoptar una visión nihilista de nuestro momento histórico. Hace años, cuando leí el impresionante artículo Junk Space, volvió a aumentar mi respeto por Rem Kollhaas. Un ligero opúsculo publicado repetidamente, y que yo leí en la versión del número especial sobre OMA de la revista A+U de Mayo de 2000. Allí, por ejemplo, decía lacónicamente y entre una multitud de frases contundentes:
El espacio basura será nuestra tumba. La mitad de la humanidad poluciona para producir, la otra poluciona para consumir.
Hemos construido tanto espacio basura como todo lo realizado previamente a lo largo de la historia.
Las grandes paredes servían a los muralistas para mostrarnos a los dioses. Los módulos escalables del espacio basura sirven de soporte a las marcas que consumimos.
En su momento, quedé fascinado con esos textos. Probablemente, debido a su rotundidad y fuerte carácter incisivo. Ejercían un efecto hipnótico con su ritmo vibrante y su cólera frente a la pasiva e incontrolada destrucción de nuestro entorno. Algo que se describía como una consecuencia de la acción inexorable de las fuerzas económicas. Rezumaba verdades que muchos compartiríamos pero que hasta entonces no habríamos sido capaces de expresar de una manera coherente. Rem Koolhaas daba cauce allí a la rabia contenida de aquellos que veíamos la radical y nefasta metamorfosis ocurrida en nuestras ciudades y durante el transcurso de nuestras vidas. Todo en aras de un flujo inmobiliario mal entendido; aquel que había acabado transformando los entornos históricos y naturales en un espacio banal asimilable a la comida basura. Las metáforas afiladas y las comparaciones sarcásticas eran un recurso eficiente para expresar la ira frente a la destrucción sistemática de las herencias del pasado en aras de una eficiencia de los flujos monetarios.
Propuesta de rascacielos lider para Dubai Renaissance. OMA 2007. Eikongraphia
Lo que está claro es que este arquitecto holandés es alguien que atesora una visión amplísima y es un gran experto en la ya larga tradición arquitectónica generada a lo largo del siglo XX. Como consecuencia de ello es capaz de ofrecer otra forma de entender la arquitectura; alguien que tiene la necesidad imperiosa de escribir para descargar los pensamientos que le atenazan en su esfuerzo por entender los fenómenos urbanos más recientes.
Probablemente, se lo plantea como una forma de contribuir a paliar las inmensas fuerzas destructoras que acompañan a esa estrategia descarnada de la organización del mundo en torno a la economía. En los últimos decenios el sometimiento de la política y las necesidades sociales al imperio de lo financiero nos han ido hundiendo paulatinamente en un pozo de insostenibilidad cada vez más profundo.
Algunos hemos coleccionado con fruición a lo largo de los años los excesivos y sucesivos ladrillos de Koolhaas. Son unas publicaciones que tienen una presencia preeminente en nuestras bibliotecas personales, aunque no creo que nos puedan servir de consuelo permanente para nuestra creciente impotencia política. Sin embargo, forman ya parte indeleble de nuestro escenario cotidiano, ese que suele rodear a los arquitectos.

Los fundadores de la Office for Metropoitan Architecture, M.Vreisendorp, Rem Koolhaas, E. y Z. Zenguelis.

MAPAS Y PLANOS

 Las visiones circulares del mundo. A la izquierda, Mapa del Mundo en la Etimología de San Isidoro A la derecha,Atlas Koreano de 1700. Berlin Staatsbibliothek
Siempre oímos hablar de mapas y planos y no somos muy conscientes de cual puede ser la diferencia entre unos y otros. Sin embargo, la distinción cualitativa es de una simpleza aplastante. La diferencia entre un plano y un mapa se produce cuando la superficie territorial que se representa en el espacio bidimensional tiene entidad suficientemente limitada como para que se pueda prescindir de la curvatura de la tierra y el dibujo se pueda encuadrar en un sistema ortogonal sencillo.

Esta explicación concisa y de una gran eficacia se la debo a un texto muy simple y didáctico titulado Aplicaciones Informáticas al proyecto urbano, de los profesores Rafael Temes y Alfonso Moya del Departamento de Urbanismo de la Escuela de Arquitectura de la Universidad de Valencia, que ofrece un relato apasionado sobre esos documentos que tanto nos ocupan a los arquitectos.
Según Temes y Moya, un elemento esencial de la construcción cartográfica es la escala, ese sistema que relaciona de alguna manera el tamaño del cuerpo con el territorio. De acuerdo a ello, mientras un mapa intenta formalizar la curvatura de la tierra a una gran escala, el plano acomoda la representación a un sistema de dibujo plenamente ortogonal y de dimensión más acotada. El punto de inflexión estaría situado en un rango entre las escalas 1:50.000 y 1:25.000, en los que esa consideración de la esfericidad del planeta cambia su relevancia a los efectos de la forma representada. De acuerdo a esta distinción, ambos se podrían adscribir respectivamente a los dominios de la geografía y del urbanismo.
Desde el Paleolítico a la era de Internet, las distintas culturas siempre han necesitado construirse una representación del mundo que les rodea, con el objetivo de entender el lugar en que se habita; aquel espacio que les da cobijo y sustento. Representar espacialmente los elementos que integran nuestro entorno cotidiano y lejano es una tarea esencialmente de geógrafos -pero también de urbanistas y arquitectos- que intentan explicar lo relevante para nuestro desempeño en el mundo, mediante diferentes técnicas de dibujo que relacionan la escala humana con el tamaño del universo haciendo así de alguna manera un relato específico de los lugares que se recorren. Mientras los pintores se han fijado generalmente en una forma descriptiva de la representación, los geógrafos y cartógrafos han intentado abstraer esa realidad introduciendo convenciones que sistematizan y clasifican las diferencias, haciendo una disección y segmentación de los distintos elementos que constituyen ese espacio mental que puede ser el territorio.
La cartografía constituye una herramienta de primera magnitud para nuestra comprensión del mundo. Es una representación dibujada que interpreta ese espacio que nos rodea y constituye un fedatario de la realidad territorial en un momento determinado de la historia. Como bien expresan Temes y Moya en su manual:
La historia de la cartografía puede leerse como un proceso continuo encaminado a lograr una más precisa y fiel representación de la realidad, y con ello una interpretación más universal.
La representación del mundo ha evolucionado enormemente desde aquellas primeras aproximaciones conocidas, desde Claudio Ptolomeo ,que describió el mundo en su Geographia siguiendo a los eruditos helénicos de la antigüedad; y luego convertida en descripciones dibujadas por las escuelas cartográficas del Renacimiento en los llamados Mapa Mundi, la primera imagen conjunta seria del mundo conocido en la cultura del occidente europeo.
La forma esférica de la tierra era algo sabido ya en el pasado remoto de los griegos. Los eruditos, matemáticos, astrónomos y geógrafos que se agruparon en torno a la biblioteca de Alejandría tenían ya una noción aproximada de la misma. Tanto Eratóstenes como su discípulo Hiparco de Nicea aportaron mediciones y técnicas importantes para entender que vivíamos sobre una gran bola. A este último se le atribuye la invención de las líneas de meridianos y paralelos como recurso para establecer una definición geométrica del espacio cartográfico.
Interpretación en proyección cónica del mundo conocido a partir de la Geographia de Ptolomeo
 Sin embargo, en Europa con la caída del Imperio Romano y las invasiones bárbaras, que destruirían todo a su paso, se experimentó un retroceso extraordinario en el conocimiento compartido; una vicisitud que duró más de mil años. Las sociedades de aquellos tiempos oscuros prácticamente olvidaron las ideas y experiencias generadas en la antigüedad de Occidente y tuvieron que construirse una nueva representación del mundo que cifraban en un espacio plano alrededor del mar Mediterráneo e integrado por tres superficies terrestres: Europa, África y Asia. La representación circular del mundo conocida como la T dentro de la O definía esta visión simplificada del mundo cuyo centro estaba en la tierra santa de Palestina y su anillo exterior lo conformaba la llamada Mar Océano, un territorio desconocido y proceloso al que solo se aventuraban los más intrépidos.
Curiosamente esta descripción circular del mundo fue también utilizada por los chinos hasta fechas muy recientes. Es algo relacionado lógicamente con la extrema introspección del Reino del Centro, que duró más de tres mil años y a cuyos habitantes no les interesaba mucho lo que ocurría más allá de sus confines.
Portulano del mallorquín Pere Rosell. 1466 
 Desde el siglo XIV, los llamados Portulanos –cartas náuticas del mundo conocido, dibujadas directamente a mano sobre pieles- pertenecen a un momento en que algunos marinos avezados intentaron explorar aquella Mar Océana, ese vasto espacio misterioso más allá de las costas de Europa y África, en busca de nuevas aventuras y recompensas. Sobre todo serían los genoveses, catalanes y mallorquines quienes desarrollarían una técnica cartográfica basada en la medición directa entre puntos y la triangulación de los recorridos. Su interpretación del mundo la llevarían en esos magníficos mapas que se dibujaban sobre curtidos de animales y que se incluían en el aparejo de los barcos, enrolladas y protegidas de las inclemencias del tiempo. La información de los Portulanos se compartía entre los hombres del mar de los reinos y ciudades del Mediterráneo y constituyen la primera explicación de la forma del mundo más allá de las Columnas de Hércules. Allí aparecen por primera vez dibujadas las islas de la Macaronesia, Azores, Madeira y Canarias, que se solían representar con las banderas de las patrias de sus descubridores y conquistadores.
La descripción de los Mapamundi, inspirados en Ptolomeo, introduciría la proyección cónica de la forma de la tierra. Sería el reflejo del problema que ha acompañado toda la historia de la cartografía: Como lograr representar un volumen esférico sobre una superficie plana. Así, los Mapamundis ptolemáicos aceptarían la convención de proyectar la esfera terrestre sobre un cono con centro aproximado en el Norte del planeta.
 Typus Orbis Terrarum, imagen del Atlas de Abraham Ortelius inspirado en las ideas de Mercator.1570
Con la invención de la imprenta aparecerían las escuelas cartográficas flamencas, cuyos primeros y más cualificados representantes serían Gerardus Mercator y su discípulo Abraham Ortels. El primero desarrollaría la proyección cilíndrica, un adelanto muy adecuado para la representación de la superficie terrestre que se basaría en proyectar la forma de la tierra sobre un cilindro tangente al Ecuador. El segundo produciría la descripción unificada del mundo conocido entonces en su famosa obra geográfica, Theatrum  orbis terrarum, publicada en Amberes en 1570.
Extracto del Plano de París de Bretez y Turgot
Una práctica descriptiva interesante es la que supusieron las representaciones a vista de pájaro de las ciudades, que se han prolongado a lo largo de cuatrocientos años hasta nuestros días. En 1572, de una manera casi contemporánea al trabajo de Ortels, Braun y Hogenberg empezarían a publicar en Colonia el primero de los cinco álbumes de su atlas llamado Civitatis Orbis Terrarum. Contendría numerosas vistas aéreas y planos de ciudades de varios continentes -sobre todo de Europa- que prepararían numerosos artistas y cartógrafos como Georg Hoefnagel. Entre ellas, las de numerosas ciudades españolas como Barcelona, Santander, Granada o Toledo.
La descripción axonométrica de ciudades es una técnica que ha prolongado aquel esfuerzo señero del Atlas de Braun y Hogenberg. Por ejemplo, el preciso plano de Paris, realizado en 1739 por Louis Bretez y Michel Etienne Turgot.
Región de París-Ile de France según la Carte Geomtrique de Cassini
En el siglo XVIII se inicia en algunos países el esfuerzo por lograr una representación sistemática de todo el territorio nacional. Es el caso del trabajo de César Francois Cassini y su trabajo para la representación cartográfica del reino de Francia. La llamada Carte Geometrique de 1788 es el primer mapa topográfico nacional, construido a los efectos del control militar del territorio, constituye un documento de primer orden para interpretar el desarrollo territorial de aquel país. Francisco Coello y Pascual Madoz harían un esfuerzo similar casi un siglo después en su Atlas de las Posesiones de España y Ultramar. En el aparece una completa descripción gráfica de las islas Canarias y sus principales aglomeraciones urbanas, junto a una descripción escrita.
Mapa del Protectorado Español en el Norte de África. Realizado por el Cuerpo de Estado Mayor del Ejercito en 1906.
 En España está tarea de representar sistemáticamente el territorio la han continuado los cartógrafos militares primero a través del Servicio Geográfico del Ejercito y, posteriormente, y en paralelo, el Instituto Geográfico Nacional. A comienzos del siglo XIX el Cuerpo de Estado Mayor del Ejército inicia la labor de construir la serie de hojas que constituirían el Mapa Itinerario de España y desde 1939 el Mapa Nacional cuya última hoja de la serie 1:50.000 se terminaría en 1986. Algo similar ha supuesto la creación del Instituto Geográfico Nacional en 1870 con el objetivo de realizar también una carta comprensiva de todo el territorio español, que facilitase información geográfica relevante y uniforme, con vinculaciones en la descripción catastral del suelo en el conjunto del estado. El Instituto Geográfico ha desarrollado finalmente el llamado Mapa Topográfico Nacional a escala 1:25.000 que constituye la cartografía básica y oficial a emplear en el estado español.
Las representaciones contemporáneas de la superficie terrestre han experimentado un vuelco con la aparición de las tecnologías digitales. Acaso, se apoyan en las convenciones y técnicas desarrolladas a lo largo de los siglos, pero la facilidad que supone el cálculo automatizado y las técnicas de dibujo asistido por ordenador han dado al traste con el empleo de los vetustos dibujos impresos sobre soportes físicos como el papel.

Mapa de la ciudad de Puerto del Rosario en la isla de Fuerteventura, de acuerdo a una representación ortofotográfica. Instituto Geográfico Nacional. 2010

Los llamados modelos digitales del terreno constituyen una nueva evolución del arte de la cartografía que ofrecen nuevas y numerosas posibilidades para mejorar el conocimiento e interpretación de los territorios. Tal y como los define F. J. Doyle, son conjuntos de datos numéricos que describen la distribución espacial del territorio. A partir de la acumulación de las coordenadas puntuales del suelo, esos modelos pueden establecer diseños, en dos y tres dimensiones, que permiten simular la forma geográfica con la ayuda de medios informáticos. Y a partir de ahí, añadir todo tipo de datos complejos que expliquen características concretas asociadas a ese espacio preciso.
La representación cartográfica apoyada en mapas y planos es ya pues historia, y también un episodio apasionante de ese esfuerzo de la humanidad por comprender el lugar en que habitamos en el universo, ese pequeño elipsoide irregular de revolución que algunos han definido científicamente como geoide.

UNA EXPERIENCIA DE LO SUBLIME

El estanque de los reflejos. Richard Haag, paisajista. 1984. Foto: Dick Busher
Amo los libros porque te llevan a lugares sorprendentes, a veces y de una manera casual. Esta es otra historia personal que, en mi caso, se produjo como consecuencia de estímulos que surgieron de la lectura de un libro sobre la práctica del paisajismo en los Estados Unidos y la visión de una imagen subyugante que reflejaba un estanque en medio de un bosque.

A comienzos de los años 90 adquirí un libro titulado Invisible Gardens (Jardines invisibles) de la profesora de Melanie Simo. Aquel texto hacía una reflexión sobre el papel de determinados personajes en el desarrollo de la jardinería, el paisajismo y el proyecto del territorio en América durante todo el siglo XX. Partiendo de la presencia seminal de Frederick Law Olmsted, la profesora Simo introducía a gente como Roberto Burle Marx, Thomas Church y Hideo Sasaki, director del Departamento de Paisaje en la Graduate School of Design de Harvard, a partir de 1958.
La autora, en un momento dado reconocía también el papel artístico de Richard Haag en el desarrollo de una práctica paisajística muy ligada al extremo respeto de las preexistencias y en la reinterpretación de lo natural, introduciendo planteamientos muy ligados a la filosofía zen. Algo interrelacionado con la preservación del paisaje heredado en un mundo asediado por unas transformaciones masivas de la biosfera. En Jardines Invisibles aparecía un trabajo de Haag, situado en una isla del Puget Sound frente a la ciudad de Seattle. Se definía como la Reserva Bloedel y era una especie de santuario botánico en el que, en los años 60, un millonario filántropo llamado Prentice Bloedel había decidido recrear como un espacio trascendente y sublime. Según he sabido posteriormente, fue una consecuencia de su fascinación y preocupación por la conservación futura de los bosques septentrionales americanos de coníferas.
Debido a una casualidad totalmente fortuita, años después iría con mi familia de vacaciones a visitar el sorprendente estado de Washington en la costa noroeste de los Estados Unidos. Fue un viaje a la aventura que surgió de la posibilidad de contar con una anfitriona en el lugar, una profesora canaria que estaba efectuando un intercambio educativo de un año en aquel lugar remoto. Lo cierto es que no pudimos contactar con ella allí, pero el desplazamiento si lo realizaríamos con la incertidumbre que supone acceder a un lugar totalmente desconocido y del que no teníamos casi referencias.
Después de un tempestuoso viaje aéreo de más de un día con escala en múltiples lugares, como Ámsterdam, Glasgow y Detroit, acabaríamos desembarcando a altas horas de la noche en la ciudad de Seattle. Un extenso territorio urbanizado, muy diferente a nuestro lugar habitual, en el que me adentré recorriendo la I-5, esa autopista que transita todo el litoral oeste de los Estados Unidos, desde el sur de California hasta la frontera con Canadá. Mientras conducía el coche que habíamos alquilado, escrutaba con intriga aquella extensa región de fábricas, suburbios y bosques que integran la intrincada costa de Washington. Esa noche recorrería los escasos kilómetros que separaban el aeropuerto de la ciudad en la soledad de mis pensamientos, mientras el resto de mi familia dormitaba con intensidad después de un viaje sumamente agotador. 
 Vista del prado de acceso. Bloedel Reserve. Foto: agrayday, Flickr
Un par de días después -ya más relajados y hechos al lugar- decidimos visitar la Bloedel Reserve, de la que tenía noticias vagas y en la que había que reservar con antelación para poder acceder. Muchos años atrás, Bloedel, su promotor y fundador, había establecido que para poder disfrutar aquel espacio había que recorrerlo en solitario o acompañado por escasas personas. Se trataba de conseguir que la contemplación de aquellos escenarios naturales pudiera producir ese efecto inspirador de belleza y grandeza que solo lo salvaje otorga.
En aquella visita, nosotros también quedaríamos fascinados por lo que allí veríamos. Nos cautivaría tanto por su magia natural como -también hay que decirlo- por sus increíbles entornos artificializados, integrados muy sutilmente dentro del bosque originario. Entonces no llegaría a comprender cabalmente las razones de aquella maravilla; tendría que esperar a otras experiencias sorprendentes que le dieran un sentido más profundo. Una de ellas fue conocer personalmente a Richard Haag y disfrutar transitoriamente de su amistad y su temperamento expansivo. Otra sería el descubrimiento de algunos jardines franceses, en los que se inspirarían las magníficas recreaciones territoriales de André Le Notre, y que introducen orden intelectual en el aparente bello caos del mundo natural.
La vegetación exótica en el entorno pantanoso. Bloedel Reserve. Foto: Dick Busher
 El recorrido de la Reserva Bloedel había que realizarlo necesariamente a pie y se iniciaba en una pequeña caseta de recepción que aprovechaba un antiguo cobertizo, junto a la verja de la entrada. Un punto de acceso que abría la vista hacia un recinto de varias hectáreas que seguramente habría sido cultivado en el pasado y entonces estaba cubierto de una ligera hierba uniforme. Desde allí partía un sendero atravesando un prado, cuyo pasto alto y agostado permitía ver en sus laterales y en el fondo lejano la presencia del bosque natural, con una disposición dispersa y aleatoria de coníferas, pinos ponderosa, abetos, etc.
A medida que nos íbamos aproximando al telón boscoso, la vegetación empezaba a densificarse y hacerse más umbría. En un momento dado entraríamos en el follaje de aquellos inmensos árboles de hoja perenne. Allí atravesaríamos un conjunto de estanques y zonas pantanosas en las que se podía oír el canto de los pájaros y sentarse en unos bancos dispuestos estratégicamente para disfrutar de las vistas pintorescas. Posteriormente, accedimos por su lado más estrecho a un espacio rectangular abierto en medio de las altas coníferas, que se componía de un seto de boj perfectamente recortado y un estanque rectangular alargado que permitía percibir al fondo las nubes y la luz grisácea del cielo. Fue un momento excelso al pasar repentinamente de la oscuridad sombría a la luz esplendente y que disfrutaríamos con intensidad.
 El jardín de los musgos. Bloedel Reserve. Foto: Laorent100, Flickr
A medida que nos íbamos aproximando al telón boscoso, la vegetación empezaba a densificarse y hacerse más umbría. En un momento dado entraríamos en el follaje de aquellos inmensos árboles de hoja perenne. Allí atravesaríamos un conjunto de estanques y zonas pantanosas en las que se podía oír el canto de los pájaros y sentarse en unos bancos dispuestos estratégicamente para disfrutar de las vistas pintorescas. Posteriormente, accedimos por su lado más estrecho a un espacio rectangular abierto en medio de las altas coníferas, que se componía de un seto de boj perfectamente recortado y un estanque rectangular alargado que permitía percibir al fondo las nubes y la luz grisácea del cielo. Fue un momento excelso al pasar repentinamente de la oscuridad sombría a la luz esplendente y que disfrutaríamos con intensidad.

 El jardín de los planos (desaparecido). Versión original de la propuesta de R.Haag. Bloedel Reserve
El siguiente tramo discurría otra vez por una zona de bosque muy densa, donde se concentraban numerosos árboles caídos cubiertos de musgos y mohos de los más fantásticos colores y formas. La percepción de la decadencia de las masas vegetales ofrecía un aspecto sobrecogedor y hacia que se recorriera con temor. Al cabo de algunos minutos llegaríamos a un pequeño pabellón japonés frente al cual se desplegaba un pequeño jardín pétreo a la manera del que existe en el templo de Ryoanji de Kioto. Allí nos sentaríamos en las gradas de madera situadas en el exterior del edificio para contemplar la composición de pequeñas colinas en el fondo, cubiertas de hierbas que formaban sutiles variaciones cromáticas sobre el verde.

 Le Moulin. Jardin del castillo de Courances al sureste de París. Foto: milacasse, Flickr
 La visita se complementaba con un acceso a la casa original -en la que Prentice y Virginia Bloedel habían vivido largas temporadas- flanqueada por una terraza que comunicaba directamente con el Puget Sound, esa inmensa bahía a modo de fiordo que se adentra desde el Pacífico y en la que se vislumbraba en la otra orilla, la ciudad de Seattle.
De vuelta a casa y a lo largo del tiempo, leería con fruición para entender la forma en que Richard Haag planteó esos espacios y su idea de recrear el “satori”, ese recorrido iniciático hacia la iluminación que constituye una parte esencial de la filosofía religiosa zen. Toda aquella organización espacial que habíamos disfrutado era el resultado de un esfuerzo ingente de reconstrucción de lo natural para recrear cuatro sutiles jardines en el bosque. Haag los bautizaría como el santuario de las aves, y los jardines del reflejo, de los musgos y de los planos. Estos últimos contenían originalmente una reinterpretación contemporánea de la organización clásica de los jardines de Muso Soseki y, especialmente de Ryoanji, utilizando allí la grava rastrillada para crear dos pequeñas pirámides simétricas e invertidas que querrían simbolizar la dualidad del ying y el yang, y que, posteriormente sería redefinida de una manera más convencional.
La propuesta de Haag es heredera de una concepción romántica del paisaje que se remonta tan atrás como el siglo XVIII, cuando Edmund Burke publicaría aquel ensayo titulado A philosophical enquiry into the origin of our ideas of the sublime and the beautiful (Una investigación filosófica sobre el origen de nuestras ideas de lo sublime y lo bello). Como ha señalado Elizabeth K. Meyer, en relación a las ideas de Burke, “lo sublime se refiere a aquello que afecta nuestra mente con un sentimiento de grandeza y poder irresistible que nos inspira emociones de temor y profunda reverencia y que, generalmente, se produce en la contemplación de perspectivas largas, vastos paisajes o espacios intensamente naturales”. Un camino que luego seguiría la escuela paisajística del pintoresquismo británico, aquella que reivindicaría implícitamente una intervención transformadora de la realidad territorial en la búsqueda de la mejor armonía y belleza de los lugares, mediante el movimiento del suelo y la plantación calculada de vegetación.

Jardines en el bosque. Proyecto de R. Haag para la Bloedel Reserve, 1984
En cierta medida, la estrategia de diseño empleada en la Reserva Bloedel es heredera de esa idea de lo pintoresco en el diseño del paisaje y el valor de lo natural como esencia de una cultura. Una concepción que han seguido tantos y tantos artistas americanos, desde Walt Whitman y Ralph Waldo Emerson hasta Robert Smithson, pasando naturalmente por Frederick Law Olmsted. Allí, Haag utilizaría una forma de composición dual basada en una contraposición de opuestos: la oscuridad frente a la luz; lo decrépito y muerto frente al vigor de la vida; lo informe y caótico frente a lo extremadamente ordenado. La idea de que se puede lograr una conjunción pacífica y sumamente rica de lo que existe en un lugar con la importación y diseminación de ejemplares animales y vegetales exóticos. Una mezcla en la que pueden convivir adecuadamente los diferentes en una sutil metáfora de la emigración de las especies.
Pero lo más importante, que nos aporta esta visión de lo natural es el recordatorio de que ese espacio en el que habitamos, lo que algunos han bautizado como tecnobiósfera, es un lugar en el que debemos y podemos convivir con los “otros” de una manera que enriquece a todos. Y eso incluye a los otros seres vivos que nos acompañan en este punto del universo, a los que no podemos arrasar sin consecuencias también para nosotros. Haag nos lo recuerda en un pequeño texto suyo que dice lo siguiente:
La esencia seminal de la primitiva relación de la humanidad con la naturaleza fue la génesis del jardín placentero. Esta historia de amor primigenia está codificada en el genotipo de cada persona. Las formas arquetípicas del paisaje expresan sutilmente esta relación. 
Espiral de alamos temblorosos. Proyecto de jardín de Richard Haag, 2002

Años después conocería personalmente, a Richard Haag y a su compañera y esposa, Cheryl Trivison. Dos personas encantadoras con esa clase característica que solo tienen algunos intelectuales americanos, entre rústica, franca y extremadamente cultivada. Le había propuesto que explicara los jardines Bloedel en un curso que organicé en la Universidad de Alcalá de Henares. Para ello, hizo una presentación sobrecogedora en la que nos hizo ver, a través de imágenes de una alta intensidad, la forma en que se puede sentir la reconstrucción poética de lo natural como una experiencia sublime de comunicación y amor hacia la naturaleza.
La Reserva Bloedel es uno de esos lugares maravillosos, ocultos y anónimos, que se descubren con dificultad y que, sin embargo, nos llegan a lo más íntimo porque ofrecen verdaderas experiencias enriquecedoras y gratificantes. Sitios que busco con ahínco y que no tienen nada que ver con esos productos culturales enlatados y trivializados que nos vende la industria turística de masas.

A LOS ESTUDIANTES DE ARQUITECTURA

 Brain and cognitive science complex. Massachussets Institute of Technology. Charles Correa
Comencé a ejercer la profesión de arquitecto hace ya más de tres décadas. Fue después de pasar varios años intentando aprender este oficio en una Escuela de Arquitectura española. En aquel entonces las responsabilidades profesionales asignadas a los arquitectos les permitían tener un conocimiento y control amplío, casi exhaustivo, de gran parte de las disciplinas que van asociadas a la construcción de espacios.
Hoy en día la situación ha cambiado mucho y han surgido especialidades por doquier que urgen su consideración en el proceso arquitectónico y con ello, el reparto de la responsabilidad por no decir, la exigencia de liquidar completamente la autoridad de los arquitectos en la organización, proyectación y ejecución de los edificios. Han emergido innumerables nuevos tipos profesionales que reclaman un papel en el proceso de la construcción: especialistas en gestión presupuestaria, en contratación de obras, técnicos expertos en sistemas constructivos determinados, diseñadores y calculistas de la viabilidad financiera y de la organización del mismo trabajo asociado, entendidos en el marketing de arquitectura, etc.
Por otro lado, ese universo alrededor de esta especialidad ha ido destilando durante el siglo XX, su propia mitología, casi una religión con sus profetas y santos, a la que muchos hemos dedicado nuestro tiempo para entender sus motivaciones y logros. Pero ya no podemos seguir creyendo en esa manera heroica de afrontar el hecho arquitectónico porque ha quedado completamente desfasada en el complejo mundo contemporáneo. Sus enseñanzas ya no son suficientes y aquellos que siguen propalándolas o imitándolas, reflejan únicamente su oportunismo al seguir intentando situarse en la estela de aquellas grandes figuras.
                                         
Gentes como Le Corbusier, Frank Lloyd Wright, Mies van der Rohe, Alvar Aalto, Louis Kahn, Buckminster Fuller, junto con toda esa pléyade de estrellas de la cultura de masas contemporánea que nos avasallan desde las revistas profesionales, los periódicos y las televisiones, ya no pueden ser los únicos referentes para una posible forma de ejercer la profesión. Sobre todo si tenemos en cuenta que sus aportaciones y enseñanzas no se aproximan a la realidad cotidiana de la inmensa mayoría de los arquitectos. Esos personajes prometéicos que imponen sus criterios por encima de cualquier otra consideración y que, supuestamente, están investidos de una autoridad casi demiúrgica ya no nos alumbran adecuadamente el camino que debemos transitar. Hoy en día sus planteamientos no nos sirven adecuadamente para afrontar los retos que nos depara este siglo que está naciendo.
Paulatinamente, el papel de los arquitectos ha ido constriñéndose a la definición de experiencias espaciales. Poco a poco (y con nuestra propia aceptación) la disciplina arquitectónica ha ido reduciéndose a la prefiguración geométrica y formal de esos nuevos espacios contemporáneos que se necesitan. Algunos han predicado la autonomía disciplinar entendiendo como tal a la renuncia al conocimiento constructivo y estructural; también a la ignorancia voluntaria sobre las necesidades funcionales y tecnológicas más complejas; y finalmente, el desprecio de las condiciones administrativas, contractuales y la economía de la ejecución material de las obras
Con esa aceptación resignada hemos ido reduciendo nuestro campo profesional a un trabajo meramente ilustrativo, una especie de constructores de imágenes para la venta publicitaria de productos inmobiliarios e, incluso, la consagración de nuevos iconos urbanos. Hace ya algún tiempo hablé sobre el futuro de la arquitectura como una especialidad del marketing y con el paso del tiempo, incluso esa perspectiva se reduce también paulatinamente como consecuencia de poderosos factores externos.

                               

Etimológicamente, la palabra arquitecto proviene del griego arki tekton, el obrero principal o primero, aquel que más sabe sobre la obra que se va a realizar y, por tanto, dirige la construcción. El propio término refleja el carácter profundo de esta antigua profesión, la necesidad de conocer extensamente la forma de construir, ese proceso tecnológico por el cual las formas imaginadas llegan a convertirse en realidad física. Es probablemente ahí en ese conocimiento múltiple que recorre la totalidad del hecho arquitectónico donde se encuentra nuestra máxima fortaleza frente a las visiones parciales de otros profesionales.
Podemos vislumbrar otro fenómeno que nos está afectando gravemente: El gran cambio que ha experimentado nuestra profesión en las últimas décadas tiene que ver con la aparición de múltiples Escuelas de Arquitectura en muchos lugares de nuestro país. En consecuencia, están saliendo varios miles de arquitectos cada año que están condenados a engrosar las listas del paro indefectiblemente. ¿Por qué? La respuesta simple es la que se refiere a la crisis general y la explosión de la burbuja inmobiliaria. Yo pienso que esas son razones coyunturales que no reflejan la hondura de nuestros problemas. La principal desventaja estriba en la falta de visión prospectiva de las propias instituciones académicas y sus dirigentes. Siguen masivamente formando a los arquitectos para satisfacer una demanda del mercado en la que existe ya una gran saturación de oferta, y como ya he señalado antes consiste en la generación de simples visualizaciones espaciales de edificios.
Por ese camino, las Escuelas de Arquitectura deberían cambiar su nombre ya que a lo que se dedican es al marketing del espacio y los profesionales que titulan son solamente unos delineantes algo más preparados. El manejo de programas 3D, renderizados, y aplicaciones de tratamiento de imágenes es un territorio profesional altamente saturado. La proliferación de programas de dibujo y representación ha obnubilado a los que se forman y a sus tutores, haciéndoles olvidar donde está la realidad productiva y la dirección de los procesos relacionados con la construcción y la economía del sector.
Deberíamos exigir que los centros de enseñanza cambien radicalmente, para que formen sobre lo que realmente se necesita y con ello no generar más ineficiencia. Recuperando en primer lugar las especialidades que son parte integral de nuestra profesión: constructivas, estructurales, de diseño y cálculo de instalaciones, presupuestarias, legales, etc. La certificación energética de la edificación y las estrategias para la rehabilitación y reforma de espacios existentes son nichos que están surgiendo y a los que no les prestamos la atención que merecen. Es precisa una perspectiva transversal que incorpore la actuación de muy diversos especialistas. Porque ahí es donde somos realmente buenos, tendemos a superar las visiones estrechas y somos muy capaces de coordinar la participación de agentes y disciplinas muy heterogéneas.

Pero es más, nos hace falta incorporar una visión integral del negocio inmobiliario; conocer y manejar intensamente el proceso la promoción de edificios y sus facetas empresariales. Hacen falta gestores arquitectónicos, una especialidad que algunos denominan Project management en su acepción anglosajona, una variante que tiene que ver con la economía de las obras, su programación temporal y la forma en como se concerta la intervención de los distintos especialistas que participan en su consecución.
El Project management arquitectónico es una alternativa muy potente para recuperar el liderazgo profesional y para ello hay que enseñar, de una manera extensiva y lo más completa posible, las componentes económicas y de gestión que implica la ejecución de las promociones urbanísticas y de edificios.
Actualmente, en el mundo de la arquitectura pocas personas dedican su tiempo a pensar como se organiza eficientemente la producción del propio proyecto y de la obra; escasos profesionales tratan de racionalizar los procesos y coordinar la intervención de los diversos especialistas que legalmente es necesario incorporar a la definición y ejecución de las obras. ¿Quién conoce realmente lo que significan técnicas como el diagrama de Gantt, el Project Evaluation and Review Technique (PERT) o la gestión del camino crítico? Por no saber no conocemos la Tasa IInterna de Rentabilidad (TIR) de nuestros trabajos. Evidentemente otros son los que se preocupan, aquellos que van adquiriendo la autoridad y el conocimiento que históricamente teníamos los arquitectos en estas cuestiones y, por el contrario, vamos perdiendo paulatinamente.
Entre los que se dedican a la arquitectura, aprender sobre estas cuestiones es un esfuerzo individual y voluntarioso, en el que se trata de acceder a las fuentes de conocimiento de una manera irregular y no estructurada. Desgraciadamente, durante años, se aprende con dificultad y con carencias notables sobre temas como la contabilidad y lo que significa, por ejemplo, un plan de viabilidad para la financiación a largo plazo de la inversión prevista en la obra. Por no señalar otras estrategias de gestión más densas y complejas.

También hay otras muchísimas oportunidades de negocio y actividad profesional que no se atienden adecuadamente en las Escuelas de Arquitectura. Por ejemplo, la que se refiere al asesoramiento urbanístico y la interacción con las administraciones públicas en materia de suelo. El urbanismo tal y como se concibe en los centros académicos convencionales ha quedado totalmente superado por la realidad. La enseñanza de esa especialidad debería transformarse radicalmente, incorporando la perspectiva legal y también el aprendizaje de los procesos administrativos asociados.
Sin embargo, otros también se están formando y adquiriendo mejores capacidades para atacar estas demandas. Es el caso de los abogados y geógrafos. Es el caso de una nueva apuesta que ya se ha concretado en las universidades canarias, como Geografía y Ordenación del Territorio y ha iniciado su andadura académica. Una disciplina que ha surgido en desarrollo del proceso de Bolonia, orientado a la unificación europea y la especialización de las enseñanzas universitarias. Su objetivo es la asunción de una campo novedoso que tiene que ver con la planificación espacial de amplío espectro y que, por ello, amenaza directamente a una de las competencias clásicas de los arquitectos en el estado español, el urbanismo.
El ingeniero de la construcción, es una nueva variante de la ingeniería que también trata de establecerse y que se supone una prolongación a la labor de los anteriores aparejadores y arquitectos técnicos. Una especialidad que pretende asumir el control completo en la ejecución de las obras. Sin embargo, los arquitectos españoles de acuerdo a nuestra formación tradicional ya somos de facto responsables de esta tarea a la que no debemos renunciar, porque así ha sido establecido legalmente. Las Escuelas de Arquitectura deberían incorporar esta denominación porque es algo que ya se enseña allí y es equivalente a lo que se hace en el entorno europeo.
Un proceso de cambio similar está ocurriendo también con el manejo de las redes telemáticas y sus mecanismos asociados. Sin que casi hayamos sido conscientes, Internet se ha constituido en un inmenso espacio para la formación de grupos de todo tipo. Colectivos muy centrados en cuestiones muy específicas que pueden organizarse con miembros situados en distintos lugares del planeta y pudiendo trabajar coordinadamente. Hoy en día, hacer un proyecto de arquitectura se puede gestionar en un lugar, elaborar en otro y realizar en un tercero con la mayor facilidad que nos ofrecen esos múltiples instrumentos. Por poner un ejemplo, he pensado sobre estas reflexiones durante algunas reuniones de trabajo para otras cuestiones, lo he escrito parcialmente en mi casa y en un hotel y finalmente, lo he colgado en la red mientras espero a un avión que me lleva de vuelta a casa. Los programas y herramientas informáticas requieren de un aprendizaje constante y un reciclaje permanente para no perder el tren del futuro. Aquel que tiene que ver con la aparición de novísimas posibilidades que todavía no vislumbramos cabalmente.
En fin, unas cuantas ideas que puedan servir para aportar algunos caminos factibles para la especialización y la concentración en las ventajas competitivas que como profesionales podemos vender y que las futuras generaciones deberían esforzarse en aprender.
Si queremos mantener aquella visión holística, el conocimiento horizontal de la relación entre todas las cuestiones que afectan a un edificio y su entorno material, e incluso incidir, de verdad y más allá, en la formalización de nuestras ciudades, tenemos que recuperar y mejorar las habilidades para coordinar y dirigir a un número muy amplío de expertos de las más variadas disciplinas.
Lo más importante es que entendamos que el acceso al trabajo es una cuestión de competencia y fiabilidad percibida por nuestros futuros clientes. Aquel que está mejor preparado para responder y asumir los nuevos retos que demanda la sociedad acabará adquiriendo el campo de trabajo.
Por eso, yo animo a los estudiantes de esta magnífica profesión a exigir a sus mentores que les enseñen lo que realmente se necesita y no aquello que se supone falsamente que constituye la esencia de la profesión. Ya lo decía el gran maestro de arquitectos catalanes, José Antonio Coderch, hace ya más de medio siglo “No son genios lo que necesitamos”.

LA ARQUITECTURA DE CORREA Y ESTEVEZ.

 Sede de la empresa Polígono de Granadilla S.A. 1998
Esta semana ingresa mi amiga y colega María Isabel Correa (de Correa y Estévez, Arquitectos) como miembro de número de la sección de Arquitectura de la Real Academia Canaria de Bellas Artes. Este es un extracto del discurso de recibimiento que he preparado para ese acto.

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Desde hace muchos años, María Isabel Correa es una profesional que se distingue por lograr una arquitectura acogedora, de una manera que aparenta sencillez, pero que incorpora un inmenso trabajo que no somos capaces de vislumbrar a primera vista. Sin embargo, lo que ya es muy destacable es la gran calidad de ejecución que tienen todos sus edificios.
Una de las cualidades más admirables de Maribel Correa es su capacidad para empatizar con aquellos que deben ejecutar sus órdenes. Porque la arquitectura es una disciplina que no depende del esfuerzo de una única persona, sino que es el resultado de la intervención de múltiples operadores y artesanos, cada uno con sus objetivos y su experiencia personal de trabajo. Ella consigue lo que otros no podemos hacer tan eficazmente: involucrar a casi todos los que intervienen en el esfuerzo común para lograr edificios de magnífica factura.
Más valiosa aún es su gran profesionalidad, su capacidad para entender las necesidades reales de aquellos a los que aporta su arte. Sobre todo, si observamos que vivimos en una época en la que impera una concepción económica mal entendida. Un desempeño técnico y artístico ligado al comercio y a la producción de obra con el exclusivo objetivo del máximo lucro; y en la que las razones artísticas o, meramente, la calidad de la arquitectura son valores que no suelen interesar realmente más allá de simples operaciones cosméticas o publicitarias.
Dos obras iniciales, que obtienen sendos Premios Oraá de Arquitectura Canaria, abrirían con enorme éxito la trayectoria profesional de esta arquitecta en Santa Cruz de Tenerife a comienzos de los años 80.

 Edificio comercial García y Correa. El Mayorazgo, 1984
Son, por un lado, la sede de García y Correa de 1985, un edificio brillante en el que se manifiesta una preocupación por lograr las mejores condiciones funcionales en un interior constreñido y encajonado que es el resultado de las posibilidades de la parcela. Cuando se visita ese espacio lo que impresiona es el enorme esfuerzo que se aporta con una factura esmerada y pulcra para conseguir un simple espacio resonante y luminoso a modo de basílica.
Y por otro, la reforma del Círculo de Bellas Artes de 1986 en la céntrica calle del Castillo, que es otra obra primeriza en la que ya se condensan sabiamente algunas bases metodológicas y formales de la actuación de Maribel Correa: Allí, se produce una solución que libera de residuos el espacio disponible y clarifica su organización funcional pautando un recorrido; también se generan nuevos recintos atractivos y polivalentes, aplicando un sabio y simple uso de los materiales, el refinamiento de los detalles y un correcto remate decorativo. El éxito de esta intervención lo atestigua su uso continuado para múltiples actos y exposiciones durante los últimos veinticinco años.
Se podría establecer que la sede de García y Correa y la reforma del Círculo de Bellas Artes, son todavía trabajos en la estela del estudio PER, casi una prolongación natural en las que Maribel Correa manifiesta claves estilísticas y formales muy de la época. Ambos trabajos son herederos todavía de los resabios formales de sus mentores. Son obras teñidas de aquella idea de la arquitectura postmoderna imperante a comienzos de los años 80 en la que, estilísticamente, había que hacer -de alguna manera- un homenaje a la arquitectura de corte neohistoricista anterior al Movimiento Moderno que ocupó casi la totalidad del siglo XX. 
Croquis representativo de la idea compositiva del edificio Múltiples II. Santa Cruz de Tenerife, 1988 
Unos recursos compositivos y formales diferentes en el entendimiento de los sitios surgirían en 1993, cuando Correa y Estévez ya juntos, afrontan el proyecto para el edificio administrativo del gobierno de Canarias, conocido como Múltiples II, situado al comienzo del ensanche de la ciudad de Santa Cruz. El esfuerzo se centraría allí en la definición monumental de una de las entradas más representativas de la ciudad. La idea de la obra se apoyó en un formalismo expresionista, en la que una torre circular central y una composición de bandas horizontales darían una respuesta adecuada a las expectativas del lugar. Aquí se recurriría consciente o inconscientemente al ejemplo de algunas obras y dibujos del alemán Erich Mendelsohn, como los almacenes Schockem de Chemnitz, en una estrategia de doble volumetría en esquina que posteriormente les serviría también para el planteamiento ganador realizado para el concurso de la Audiencia Provincial de Santa Cruz de Tenerife en 2007.

En el edificio Múltiples II se produce por primera vez esa estrategia que les distinguirá en muchos trabajos posteriores y que se refiere a una integración amplía de la arquitectura para producir un resultado de un alto refinamiento y durabilidad: Me refiero a consideraciones como, la provisión de espacios altamente funcionales, una espléndida definición constructiva, junto con el exquisito cuidado del interiorismo y la incorporación de otras expresiones artísticas. En ese caso, la inteligente inserción de una pieza escultórica de  en el patio central enriquece aquel espacio.
Algo similar ocurre con la sede del Cabildo de La Gomera. Una obra de 1997 que se preocupa por ofrecer un remate respetuoso al entorno en el que se sitúa la histórica Torre del Conde, a la que enmarca de alguna manera. Este edificio monocromático, con su recubrimiento de piedra toba roja de la isla, ofrece un telón sumamente adecuado para el realce de aquella pieza defensiva que define los inicios de la colonización del archipiélago. El Cabildo de La Gomera responde al carácter monumental y representativo que debe tener la institución principal de gobierno en aquella isla, solucionando al mismo tiempo los requisitos funcionales y administrativos necesarios.
En ese mismo año de 1997, Correa y Estévez inicia un ciclo de trabajos relacionados con la reinterpretación de la arquitectura heredada; un trayecto en el que estos arquitectos han ofrecido muestras de una maestría indudable. Probablemente, les ha servido para ello el gran bagaje de conocimiento constructivo y el amor a las formas y procedimientos de la arquitectura popular que les otorgó su paso por la Escuela de Aparejadores de La Laguna, previo al inicio de la carrera de arquitectura.

 Rehabilitación del espacio cultural Cabrera Pinto. La Laguna, 1992
El primero de ellos, la rehabilitación del Instituto Cabrera Pinto de la ciudad de La Laguna, es una obra que estuvo sujeta a múltiples tensiones derivadas de su carácter patrimonial señero en ese casco histórico fundacional. El resultado final es una obra muy representativa de un momento cultural concreto.
Allí se transformó un edificio que había sufrido innumerables intervenciones negativas, en un conjunto de espacios limpios que recuperaban brillantemente las esencias espaciales y constructivas del pasado y, al mismo tiempo, se mejoraría su confort para un uso diferente al original. Los mejores edificios son capaces de adaptarse a lo largo de las generaciones y, en este caso, el antiguo convento de San Agustín ha pasado a convertirse en un recinto cultural esencial para la isla de Tenerife, aportando la magia de conservar sus patios centrales y la aparición de nuevas interpretaciones espaciales en sus interesantes interiores.
Otra obra más reciente que continuaría las ideas y esfuerzos aportados a la conservación del patrimonio histórico es, la restauración del antiguo Hospital de Dolores para nueva biblioteca de La Laguna. Allí se ha producido una conservación impecable de los valores históricos y culturales lográndose también introducir nuevos usos y servicios sin violentar ni la estructura espacial preexistente ni los sistemas constructivos tradicionales. El mayor éxito de esa intervención ha sido la forma en que se han integrado los servicios e instalaciones técnicas necesarias, simple y eficientemente, y sin que constituyan un impedimento a la percepción de la auténtica arquitectura heredada.
 Escultura Trampa de viento de Juan López Salvador. Las Américas, 1998
Años después se terminaría una de las mejores obras de estos arquitectos. En mi opinión, ese es el proyecto para las oficinas de la empresa rectora del Polígono de Granadilla en el sur de Tenerife, un trabajo que manifiesta una sensibilidad exquisita con el paisaje que la circunda. En ese trabajo, el equipo de Maribel Correa utiliza los materiales naturales del lugar para realizar una reconfiguración de algunas estrategias constructivas de nuestros antepasados en clave contemporánea.
Ese edificio interpreta el lugar explotando las mejores condiciones paisajísticas del emplazamiento. Allí se estudia la orientación hacia los elementos naturales, el sol, los vientos, las visuales paisajísticas, etc. junto con la definición de un proyecto de espacios a caballo entre el interior y el exterior consiguiendo unos magníficos ambientes representativos y de trabajo. Todo ello complementado con unas interesantes intervenciones, escultóricas y de jardinería, muy apropiadas para un lugar de una aridez extrema.
Algo parecido ocurre en la gran reforma ejecutada en el paseo costero de la ciudad turística de Las Américas. En esa frontera entre el mar y la tierra, se realiza una depuración eficiente de la accesibilidad peatonal y una disposición sencilla de pavimentos y mobiliario, mejorando radicalmente el disfrute colectivo del lugar. También se introduce allí con sensibilidad una de las piezas escultóricas más brillantes que se ha hecho recientemente en un espacio público de esta isla, la llamada Trampa de Viento del escultor Juan López Salvador.
En 2002, Correa y Estévez realizan el acondicionamiento de los espacios interiores representativos y de oficinas de la monumental Casa de los Capitanes en la ciudad de La Laguna; un espacio previamente rehabilitado. En ese trabajo se muestra nuevamente la habilidad que este equipo tiene para mejorar el resultado en el remate sensible de los edificios. La selección, disposición e integración de piezas de mobiliario, iluminación y complementos es en este caso muy acogedora y excelente sin renunciar al empleo de elementos plenamente contemporáneos. 
 Interiorismo de la Casas de los Capitanes para las oficinas de la Alcaldía de La Laguna. 2001
Lo traigo a colación porque en Canarias es una cuestión que se suele relegar a un segundo plano y en las intervenciones y obras públicas se suele hacer de muy mala manera. Sin embargo, en el caso de la mayoría los edificios de estos arquitectos, este complemento esencial se logra combinar de una manera natural, mejorando enormemente la calidad estética general y la factura final de los espacios. Aunque pareciera un esfuerzo menor, la labor de asesoramiento a los usuarios en la fase final en que se ocupan los edificios, resulta esencial para el éxito y el mantenimiento impecable posterior de la arquitectura
María Isabel Correa representa una forma de hacer que ha ejercido ya una indudable influencia sobre las generaciones siguientes, lo que se nota en el trabajo de otros muchos arquitectos canarios que han seguido sus proyectos y han aprendido con su obra una manera de hacer de alta calidad de elaboración.
En una época en que los arquitectos experimentamos un vértigo de cambios sin igual y en la que también nos sentimos agobiados por una multitud de exigencias sin parangón en el pasado, es reconfortante valorar el esfuerzo de personas como María Isabel Correa y el conjunto de todos aquellos que la ayudan a realizar esa arquitectura de extraordinaria calidad.

Patio interior del edificio Múltiples II. Santa Cruz de Tenerife, 1988—>

ARQUITECTURA ESPAÑOLA PARA EL SIGLO XXI

Jordi Ludevid, Presidente del Consejo Superior de los Colegios de Arquitectos de España, estuvo los días 11 y 12 de noviembre en Las Palmas de Gran Canaria. Esos días, los miembros de la actual directiva del Colegio de Arquitectos de Canarias tuvimos ocasión de compartir con él nuestras preocupaciones sobre el difícil momento que atraviesa la profesión en este país.

Tal como el mismo señaló, la arquitectura española sufre una triple crisis, que hace que, en general, nuestra situación profesional todavía no haya alcanzado fondo en el proceso de descalabro económico e institucional que padecemos.

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Tres son las cuestiones que nos afectan a los arquitectos en estos momentos: En primer lugar, la crisis económica y sus secuelas en el crédito, un fenómeno que lastra negativamente la actividad del sector de la construcción y reduciendo drásticamente con ello la oferta de trabajo a la que estábamos acostumbrados. En segundo lugar en importancia, la destrucción masiva de puestos de trabajo relacionados con las consultorías, oficinas y estudios profesionales (algunos ejemplifican este problema con el cierre experimentado en Madrid, superior al 50% de la capacidad productiva anterior). Y, finalmente, la crisis institucional que se ha derivado de una transformación del marco de nuestra profesión y que se ha producido como consecuencia de las distintas iniciativas legales aprobadas por el gobierno central en los últimos años.
Todo ello nos ha colocado a los arquitectos españoles en un contexto de extrema gravedad. La arquitectura es el último eslabón del sector de la construcción que ha logrado finalmente estabilizarse en su conjunto. Sin embargo, y al mismo tiempo, este segmento específico de los técnicos y profesionales relacionados sigue deteriorándose. Como señaló el Presidente, en esta situación calamitosa que nos ha tocado vivir solo nos queda la opción de resistir con ilusión e intentar luchar para transformar un panorama tan adverso como el que existe respecto a la arquitectura que se hace en España.
A este respecto, Jordi Ludevid nos ha descrito algunas de las iniciativas llevadas a cabo a lo largo de este año dentro y fuera del órgano que representa al conjunto de los arquitectos españoles. Una intensa actividad con luces y sombras pero de la que habría que destacar el gran trabajo realizado para estabilizar a nuestro favor la institución del visado. Para ello, se han desarrollado una serie de esfuerzos de sensibilización de los organismos implicados que han culminado con la aprobación del texto final del Real Decreto 1000/2010, de 5 de agosto, sobre visado colegial obligatorio.
Un precepto legal que otorga una función pública a los colegios profesionales en la supervisión de los trabajos de arquitectura para la certificación de una serie de condiciones de obligado cumplimiento. Frente a la visión desreguladora y economicista, proveniente del contexto europeo y de algunos que consideran que sería preferible un menor tamaño del aparato del Estado y solo guiarse por la libertad e independencia de las personas en el desarrollo de su actividad particular, se ha impuesto en este caso la idea de la necesidad de un control colectivo que garantice unos requisitos mínimos de seguridad jurídica y física. La desregulación de las actividades que afectan a la economía -que se nos pretende imponer inexorablemente y de una manera ideológica como algo beneficioso- es un axioma trucado que requiere urgentemente una reflexión alternativa, en cualquier caso.
Frente a esa visión liberalizadora de las organizaciones colegiales como órganos exclusivamente representativos, el Decreto de Visado Obligatorio otorga un carácter administrativo subsidiario a los colegios profesionales relacionados con la arquitectura. Según su artículo 2 junto a otras actividades que afectan a la seguridad e integridad de las personas, será necesario el visado solo para aquellos trabajos técnicos, relacionados con la proyectación de la ejecución y certificación final de las obras de edificación, así como con las demoliciones y legalizaciones de las mismas.
De acuerdo al artículo 4 del Decreto 1000/2010, este visado obligatorio se limitará a solo tres cuestiones: la comprobación de la identidad y habilitación profesional de los técnicos participantes en los trabajos señalados, la confirmación de la integridad y corrección documental de lo que se someta a visado y, finalmente, el atendimiento responsable del técnico redactor al cumplimiento de las condiciones de seguridad que deben existir de acuerdo a la legalidad vigente.
No obstante, este decreto, dado su carácter de legislación básica estatal, deja abierta la posibilidad de que se exijan otras cuestiones administrativas, relativas a la supervisión técnica y urbanística, que tienen que ver con los desarrollos y competencias sectoriales y autonómicas.
Una vez despejada esta incertidumbre que está relacionada con la implantación y desarrollo en los países que forman la Unión Europea de la famosa Directiva Bolkenstein, relativa a la liberalización de la oferta de servicios en el mercado interior, es el momento de atender a otros graves problemas en que se encuentra sumida la profesión en España. 
Es por ello, que en la próxima Asamblea del Consejo Superior de los Arquitectos de España (que se celebrará el 26 de noviembre próximo en Madrid) se va a presentar una iniciativa a modo de manifiesto de los profesionales del sector de la construcción y la arquitectura. Este esfuerzo nace con el objetivo de intentar transformar la difícil coyuntura actual de un espacio profesional estratégico en el bienestar de las personas. El presidente Ludevid nos avanzó las ideas principales que contendrá ese documento y que se va a intentar consensuar con otros agentes interesados (como por ejemplo, la Federación Española de Municipios y Provincias y las patronales empresariales de la construcción) para finalmente entregarlo al ministro del ramo y presentarlo públicamente.
Una primera manifestación que contendría es exigencia de la normalización del acceso a las fuentes crediticias lo que podría permitir un resurgimiento de la actividad de obra nueva que hoy es imposible. La gran equivocación en la apreciación del riesgo, un fenómeno que está detrás de la burbuja inmobiliaria apoyada por los bancos, ha supuesto en los tres últimos años una restricción tajante de la financiación bancaria y una competencia desleal de esas instituciones privadas hacia los promotores y otros agentes que actúan en el mercado inmobiliario. Ello no tendría mayor repercusión si no hubiera habido un rescate masivo con dinero publico de las entidades financieras comprometidas, que una vez solucionada su crisis, han seguido limitando radicalmente el crédito hasta lograr taponar los enormes agujeros de sus propios balances. Proceso que todavía no ha concluido en este país.
Una segunda cuestión que está afectando a los profesionales de una manera escandalosa es la que se refiere a la forma en que se produce la adjudicación del trabajo público de arquitectura. La aplicación espuria de la Ley 30/2007 de Contratos del Sector Público está suponiendo una degradación sin precedentes del trabajo de arquitectura relacionado. Y, en consecuencia, una ineficacia creciente en la administración colectiva de unos recursos públicos cada vez más escasos. No se puede tratar de una manera semejante la contratación del trabajo relacionado con los proyectos de arquitectura que el resto de los servicios de consultoría administrativa que adjudican las administraciones públicas. Los criterios de adjudicación, que priman las bajas económicas salvajes y la reducción temporal extrema en la ejecución de los trabajos, están conduciendo inexorablemente a una peor calidad de los documentos técnicos que son imprescindibles para ejecución de la edificación. Y, con ello, una degradación y despilfarro en la administración de los recursos colectivos. 
Todas las cuestiones relacionadas con la contratación administrativa de la proyectación de la arquitectura, que ya suponen un gran bagaje de disfunciones que están perjudicando enormemente a la disposición de infraestructuras edificadas residenciales y dotacionales públicas, indicarían la necesidad de un desgajamiento de los procesos de adjudicación de este tipo de trabajos del conjunto de los servicios de consultoría administrativa. La aprobación de una ley de concursos administrativos de arquitectura podría ser un camino conveniente para transformar un panorama enormemente desalentador para los profesionales.
Una tercera reivindicación es la que se relaciona con la necesidad de legalizar unas prácticas laborales en las propias oficinas de arquitectura que, como consecuencia de la presión en la forma de contratación, tanto pública como privada, así como la ausencia de un control administrativo efectivo sobre la legalidad laboral, han ido incrementando paulatinamente su traslado a la economía sumergida y, finalmente, la ejecución del trabajo profesional en condiciones de ínfima remuneración, cuando no de semi esclavitud. Sería conveniente iniciar un proceso de regularización no traumático en aquellas estructuras profesionales que hayan sobrevivido a la presente crisis para incentivar una profesionalización y fortalecimiento de unas prácticas actualmente muy negativas. Un camino para lograr este objetivo podría estar ligado al ofrecimiento de incentivos para la regularización de la actual actividad artesanal y precaria mediante bonificaciones sociales con contrapartidas para la regularización de la contratación laboral profesional en los estudios y oficinas de arquitectura.
En ese boceto de manifiesto se propone otro tema para el debate que se relacionaría con la difusión e incentivación de la contratación en las empresas del sector y en las administraciones públicas de profesionales arquitectos. Ello frente a la opción habitual de la preferencia por las titulaciones en ingeniería y arquitectura técnica que han logrado difundir una reputación de una mayor eficacia y capacidad técnica frente a la artisticidad de la arquitectura.
Una quinta iniciativa es la que se centra en el apoyo a la extensión de la rehabilitación de la edificación obsoleta. Para ello, el órgano representativo de los arquitectos españoles pretende implementar una plataforma con el resto de agentes del sector, orientada a una mayor difusión y eficacia de las actividades relacionadas con la renovación y regeneración de la planta residencial y turística antigua, presente en innumerables ciudades de nuestro país.
El impulso para la creación de un banco de referencia europeo sobre datos del sector de la construcción es otro punto que se considera. Esa base de datos permitiría tener un conocimiento cabal de cuales son los esfuerzos económicos y técnicos que se precisan en el conjunto de la Unión Europea para realizar la edificación. Todo ello de acuerdo a los extensos requisitos que se han ido añadiendo y difundiendo desde los países más avanzados, en aplicación de multitud de iniciativas legales y técnicas a lo largo de los últimos veinticinco años. Con esto, se podría acceder a una fuente comparativa tanto de costes constructivos, como de costes profesionales en la redacción de trabajos de arquitectura e ingeniería relacionados con le edificación. Probablemente, se comprobarán los bajísimos costes que la implementación técnica está suponiendo a los procesos constructivos en España.
Finalmente, el Consejo Superior de los Arquitectos de España propondrá exigir al gobierno un plan de choque que facilite la internacionalización de la arquitectura española. Una iniciativa de apoyo a todos aquellos que actualmente están intentando acceder al trabajo profesional de edificación fuera de nuestras fronteras y que necesitan de una apoyo concreto que vaya más allá del relumbrón de exposiciones y manifestaciones culturales. Realmente es preciso un trabajo de recomendación experta y de asesoramiento sobre las condiciones económicas, materiales y técnicas en los contextos concretos, allí donde se están experimentando un desarrollo y expansión económica real.
En definitiva, este proyecto de manifiesto incide sobre un conjunto de trabajos e iniciativas para el desarrollo del sector de la arquitectura española que algunos humildemente apoyamos desde nuestras propias plataformas de comunicación como este blog en el que les escribo y difundo mis ideas.
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