Zuazo y la ciudad de Las Palmas

Vista aérea de la ciudad de Las Palmas de Gran Canaria en la actualidad

La planificación de las ciudades es un arte que deja su rastro en ciertos detalles de la forma urbanística a lo largo de un período muy amplio de tiempo. Por ello, cuando se observan las arquitecturas finalmente construidas que conforman y puntúan las calles y espacios colectivos no se es capaz de percibir con nitidez los orígenes de esa formalización más allá de los ropajes estilísticos con que se reviste la edificación.

Es lo que ocurre hoy con la ciudad de Las Palmas de Gran Canaria cuya definición actual empezó a prefigurarse casi un siglo atrás y que alcanzó un momento esencialmente significativo en 1944 con la asunción colectiva del plan elaborado por el arquitecto vasco Secundino Zuazo.


Plan General de Ordenación y Trazado de la ciudad de Las Palmas de Gran Canaria. Secundino Zuazo, 1944

En el siglo XX, Secundino Zuazo ha sido una de las grandes personalidades de la arquitectura y el urbanismo español. Su irrupción en el panorama profesional se produciría en la segunda década de ese siglo generando inteligentes planes urbanísticos como los dedicados a la reforma del centro de Bilbao de 1921 o los ensanches de Sevilla de 1924 y Zaragoza en 1928, así como obras de arquitectura tan importantes para la historia de la disciplina como la madrileña Casa de las Flores. Zuazo es un gran conocedor de las experiencias urbanísticas europeas más avanzadas de la época; y, especialmente, está atento a aquellas dedicadas a encauzar el crecimiento explosivo de las ciudades, mediante técnicas como la zonificación, la estructuración viaria y la formalización de ensanches residenciales. Este arquitecto tendría también importantes responsabilidades en la configuración del plan de extensión de Madrid de 1930 y otras iniciativas urbanísticas relevantes en un momento convulso de la historia de España.

Zuazo es un seguidor destacado de las teorías europeas de vanguardia orientadas a la transformación radical de la ciudad contemporánea. A través de sus contactos con el urbanista alemán Jansen conocería los grandes planteamientos de teoría urbanística asociados al Movimiento Moderno. Tanto la magna obra teórica y práctica de los alemanes Hiberseimer, Wagner y May como las de otros europeo como Saarinen, van Estereen y Le Corbusier pueden detectarse en los planes que va diseñando para distintas ciudades españolas.

Con esa trayectoria, su directa implicación con la Segunda República Española le supuso primero la salida del país y luego el destierro a las islas Canarias, a comienzos de los años 40. En esos tiempos, recaló en la ciudad de Las Palmas de Gran Canaria y, a pesar del estigma político, fue enseguida captado por las autoridades locales para redactar el plan urbanístico que dotaría a esa urbe de su carácter contemporáneo característico. En esa recuperación local del urbanista tuvo un papel muy importante Miguel Martín Fernández de la Torre, arquitecto grancanario renombrado, que fue alumno de Zuazo y que lo introduciría entre las elites isleñas y también lo acogería temporalmente en su propio estudio.

Ya en 1942, el arquitecto, nacido en Bilbao que contaba con un bagaje de importantes responsabilidades anteriores en la capital del estado, estaba trabajando en ese documento esencial para la definición formal de la ciudad insular. Zuazo prepara un plan de potente estructura basado y fuerte impronta arquitectónica a partir de un sintético análisis preliminar de las condiciones geográficas y de desarrollo experimentados hasta entonces por la urbe grancanaria. El Plan General de Ordenación y Trazado de la ciudad de Las Palmas de Gran Canaria que acaba aprobándose por el municipio en 1944 va a establecer definitivamente el carácter de esa metrópoli insular como un ejemplo del urbanismo contemporáneo. Las Palmas de Gran Canaria va a quedar así marcada como una ciudad representativa de las ideas urbanísticas del siglo XX.

En el primer tercio de ese siglo, la ciudad de Las Palmas ya se había configurado de una manera clara con un carácter bipolar entre el espacio histórico y el asentamiento surgido junto al nuevo puerto de la Isleta. En el plano con el que Suazo reconoce la situación existente, esa configuración urbana singular queda nítidamente expresada. Por un lado, el núcleo fundacional y sus sucesivas ampliaciones hacia el este, primero con el barrio de Triana y luego con la zona en torno al eje definido por la calle de Tomás Morales. Por otra parte, en el istmo geográfico que es tan característico en la forma geográfica de la isla, ya se observa el núcleo consolidado de la Isleta, dependiente del nuevo puerto y su expansión hacia el Oeste más allá del cordón umbilical que supone la zona de Santa Catalina. Ambos espacios de desarrollo se configuran como una serie de ensanches coordinados que van añadiendo adiciones sucesivas de manzanas en retícula que tienden a la regularidad ortogonal. En medio de ambos espacios urbanos, en Alcaravaneras, un incipiente ensanche de manzanas convencionales enlaza con la llamada Ciudad Jardín, ya arraigada entonces con innumerables construcciones aisladas de carácter racionalista promovidas por los exponentes destacados de la incipiente burguesía local y proyectados por Miguel Martin. La pequeña entidad metropolitana en ciernes, encajada entre el mar y las laderas al oeste, presenta en ese entonces numerosos huecos y vacíos, siendo el más relevante el de los Arenales en el que el plan de Suazo va a proponer la ubicación del nuevo estadio de la ciudad junto a un potente eje urbano que va a acabar constituyendo uno de los ámbitos comerciales más importantes de la ciudad, el sector en torno a la avenida de Mesa y López.

El plan para Las Palmas que plantea Secundino Zuazo hace una proyección del crecimiento poblacional estableciendo nuevas ocupaciones de suelo suficientes para albergar más de 230.000 habitantes. Se piensa así en una estructura urbana capaz de dar cobijo así a casi el doble de la población asentada entonces. Para ello, trata de aprovechar los intersticios vacantes existentes entre las distintas tramas urbanas ya presentes sobre la peculiar geografía en la que se dispone la ciudad isleña. Al mismo tiempo, aplicando la técnica de la zonificación define el carácter de los distintos ámbitos ya consolidados para establecer los instrumentos normativos que van a mantener y respetar esas formas urbanas ya instauradas, estableciendo parámetros volumétricos y normativos que no amplían el aprovechamiento ya configurado. Renuncia por ello a la ejecución de operaciones traumáticas de reforma interior y la apertura de nuevos viarios en esos barrios, en un inteligente respeto a los condicionantes de la historia. En el caso del núcleo fundacional se plantea una congelación radical de las preexistencias impidiendo posibles crecimientos internos. En Triana, el plan acaba de definir el remate de la estructura de manzanas existentes mediante unos edificios tapa que conectaran con los nuevos sectores en bloque abierto en su periferia inmediata hacia el mar y la montaña.

El documento urbanístico terminado en 1944 se concreta en cuatro planos de ordenación que expresan las condiciones estructurales en las que se va a basar su propuesta de expansión: Los tres primeros establecen el concepto de ordenación general, incidiendo en el reconocimiento de las formas de la ciudad heredada ; en la jerarquización y diseño del sistema viario necesario para garantizar una buena funcionalidad urbana; y, la zonificación estricta de usos básicos, que propone el establecimiento de ámbitos de ordenanza diferenciada y adecuada a la forma de ciudad prevista. Finalmente, un cuarto plano ofrece una visión formalizada de la ciudad imaginada por el autor, cuya pieza principal es la adición de grandes franjas que bordean toda la parte baja de la ciudad actual ocupando completamente la plataforma costera. Una de ellas hacia el noreste cubriendo un amplío espacio entre la ciudad consolidada y el mar, rellenando una franja de superficies que forman parte del espacio oceánico. Otros ámbitos de desarrollo menores acompañan a aquella, como el que se define en prolongación del núcleo histórico hacia el sur; y otro que establece un hipotético cierre y ampliación hacia el noroeste del barrio de Guanarteme, ocupando otra importante superficie de lámina de agua.

Ensanche de la zona de Triana. Esquema de proyecto del Plan Zuazo para Las Palmas, 1944. Publicado por Joaquín Casariego en Ciudad y Territorio, 1988

La idea es muy racional en cuanto que se fundamenta en una trama viaria potente que establece unos anillos de circulación a través de avenidas amplias de conexión y estructura, pensadas para conectar eficientemente las distintas partes de la ciudad en formación. Esta trama se organiza principalmente paralela a la línea de costa y se trata de lograr con ella una adecuada interconexión entre el territorio y el potente puerto que se está configurando. Para ello, el redactor define tres ejes viarios potentes paralelos a la costa, teniendo en su centro la calle de León y Castillo; y, al este y el oeste, lo que luego serían la avenida Marítima y el Paseo de Chil. Las dos primeras vías se proyectan paralelas lo que permite la generación de una trama ordenada y regular de manzanas rectangulares que va ajustándose a los accidentes geográficos mediante ligeros quiebros en lo que se sitúan ejes monumentales de conexión transversal: En ellos se organizan piezas singulares de arquitectura destinadas a albergar las instituciones urbanas representativas y la articulación compositiva de la jerarquía urbana pensada. Por el contrario, la tercera vía paralela a la costa, se deforma inteligentemente para adaptarse a las peculiaridades de la orografía de la ladera y acaba definiéndose como un paseo paisajístico en posición ligeramente sobre elevada sobre la ciudad.

El conjunto de ejes estructurales de relevancia se completa con la proposición de dos operaciones que tendrían fortuna diversa. Por un lado, el cubrimiento del barranco de Guiniguada entre los barrios de Vegueta y Triana para generar una vía de más de 20 metros de sección. Y, por otro, el remate de la urbanización por el Oeste con una vía que serpentea siguiendo las formas topográficas del lugar. Frente a la concepción más urbana que plantearía Zuazo el soterramiento del barranco de Guiniguada acabaría realizándose como un espacio infraestructural potente que nunca ha acabado de encontrar un encaje adecuado en los usos de la ciudad. La segunda opción no llegaría siquiera a considerarse debido a la potente expansión alternativa que experimentaría Las Palmas de Gran Canaria en la segunda mitad del siglo XX apoyada en operaciones de parcelación inconexas como la que representa la urbanización de la finca que daría lugar al barrio de Schamann, embrión de la ocupación masiva de la plataforma superior que conforma lo que hoy se conoce como ciudad alta.

Vista de la parte baja de la ciudad de Las Palmas entre el Paseo de Chil y la costa. Foto: Aéres de Canarias

Este último trazado serpenteante que el plan de Zuazo plantea induce a pensar en una cierta tensión entre el racionalismo general que impera en el proyecto urbanístico y un cierto diseño curvilíneo introducido en la formalización del plano en aras de una adaptación a las preexistencias. Como señala Fernando de Terán en su libro Planeamiento urbano en la España contemporánea, es divertido comprobar que también Zuazo en esas fechas había sucumbido a los encantos dialecticos de la influencia organicista. Y en referencia al artículo redactado para la presentación del plan en el número 140-141 de la Revista Nacional de Arquitectura, Terán recoge las propias manifestaciones del autor que dice que había tratado de conseguir que la ciudad fuese una unidad heterogénea que acusase sus partes integrantes estableciendo la continuidad orgánica cual en un ser viviente.

Las ideas que Zuazo aporta para el ensanche de la nueva ciudad insular responden a varios modelos inspirados en las experiencias nórdicas, alemanas y holandesas de entreguerras. Por un lado, las manzanas de bloques alargados ritmados paralelamente y destinados a vivienda popular. Una forma tipológica que incorpora se refiere a la constitución de manzanas rectangulares de edificación en fachada continua con patio interior como se puede apreciar en la configuración del barrio no realizado en Guanarteme.

Bocetos de ideas arquitectónicas para la ampliación de la Castellana. Plan de Extensión de Madrid. Zuazo y Jansen, 1930. Imágenes procedentes del libro de Fernando Terán, Planeamiento urbano en la España contemporánea. 

La composición de otros nuevos barrios proyectados se inspira en los modelos de tramas de bloques residenciales alineados experimentados en las Siedlungen alemanas de Berlín y Frankfurt. Aquí se evidencia su colaboración anterior con Jansen, uno de los autores de la Siemenstadt berlinesa. Se trata de construcciones laminares de vivienda multifamiliar en altura, orientadas respecto a los puntos cardinales para un mejor aprovechamiento del soleamiento. En alguna forma, se apoya para ello en las ideas avanzadas con Jansen para la configuración de la ampliación norte de La Castellana, un ejercicio de estructuración urbanística incluido en el esfuerzo desarrollado para el Plan de Extensión de Madrid. Esas nuevas piezas de ciudad van estableciéndose en Las Palmas de una manera ordenada como prolongación de las tramas existentes y utilizando ciertas vías como ejes articuladores que introducen y conectan la ciudad pretérita en los nuevos barrios que se proyectan.

También, propone manzanas de bloques iguales en U, que se repiten de una manera sistemática, en una aplicación de los idearios del racionalismo. Esta ordenación de los edificios va definiéndose también en supermanzanas que privilegian algunos ejes longitudinales con una continuidad edificada. Esta estrategia compositiva es algo especialmente identificable en el diseño aportado para la gran franja litoral que se prevé en el Este, en lo que luego se conocería como Ciudad del Mar y  la avenida Marítima.

Todos estos modelos edificatorios se apoyan en tramas ortogonales regulares que van ajustándose a la ciudad existente como una prolongación de la misma hacia los nuevos sectores que se van a incorporar. También presentan una jerarquización viaria muy adecuada para garantizar una idiosincrasia propia para cada adición que se plantea. Como ha señalado Joaquín Casariego en su artículo sobre el plan de las Palmas, de la revista Ciudad y Territorio publicado en 1988, el resultado urbanístico que imagina Zuazo es el de una ciudad compacta formada por bloques densos y torres puntuales que cualifican monumentalmente el territorio. Es un espacio densamente ocupado en la costa con una densidad que alcanza los 300 habs/Hectárea.

Zuazo incorpora también y de alguna manera ideas de trazado que ya había avanzado Miguel Martín en su plano de Las Palmas de 1930. Es evidente en el respeto estricto a la ordenación de la llamada Ciudad Jardín de Alcaravaneras. Ello es también perceptible, por ejemplo, en la configuración en la composición urbana más monumental con la que se define el eje que va desde la plaza de la Feria hacia la calle de Tomás Morales y la plaza del Obelisco que acabaría teniendo una forma más próxima a las elucubraciones del arquitecto canario. También es relevante reseñar que la idea de la avenida marítima ya había sido prefigurada por Martín aunque de una manera más endeble. Sin embargo, la urbe imaginada por Martin es un espacio mas simple de baja densidad de viviendas unifamiliares o, en todo caso, alineaciones residenciales a la manera de los ejemplos holandeses y alemanes realizados durante los años de la república de Weimar.

Diseño de trazado para la ciudad e Las Palmas. Miguel Martín Fernández de la Torre, 1930

El conjunto de ideas del Plan de Zuazo para el desarrollo de la ciudad de Las Palmas ha tenido desigual fortuna a lo largo de las décadas posteriores a su aprobación. No obstante, muchas de esas aportaciones se tomarán como referencia ineludible para la estructuración de la ciudad futura. Ese documento urbanístico es aceptado definitivamente como proyecto político de desarrollo hacia mediados de la década de los 40. Posteriormente, la clase dirigente de la ciudad de las Palmas asume sin fisuras gran parte de esa prefiguración urbanística propuesta. El problema a resolver se centra entonces en la manera de afrontar tan poderoso objetivo de inversión a partir de los exiguos recursos disponibles en la postguerra española. Si a ello unimos las retenciones especulativas de determinados propietarios de suelo integrados en los intersticios urbanos proyectados en el plan, se puede percibir un cierto bloqueo en la consolidación de las ideas aportadas por el arquitecto vasco. El desarrollo de la consolidación de la ciudad costera se retrasará así durante algunas décadas para acabar siendo finalmente una potente realidad cincuenta años después.

Hoy es curioso observar como el Plan Zuazo establece la ocupación parcial del arrecife existente en la playa de las Canteras como una de las reconfiguraciones urbanísticas básicas que propugna para la ciudad. Es expresión de una época en que las playas -como elementos territoriales- tenían un valor residual para la urbanización que estaba ahí para transformarse radicalmente. Afortunadamente, esa adición nunca se llegaría a realizar y, en consecuencia, esa parte de la franja litoral se conserva en toda su extensión natural primitiva, constituyendo una de las señas paisajísticas de la ciudad.

Ordenación del itsmos de Santa Catalina y propuesta para la expansión del barrio de Guanarteme hacia el mar ocupando el arrecife de la playa de Las Canteras. Plan Zuazo, 1944

Con los años, los sucesivos responsables políticos acabarían asumiendo la otra gran propuesta urbana de aquel documento urbanístico: la ocupación de aquella otra importante superficie de la franja costera que el Plan Zuazo propondría frente al arrabal histórico de Triana. A ese esfuerzo urbanístico se dedicaran importantes recursos como una forma de estimular la transformación de la ciudad incorporándola a la modernidad. Así, una idea radical acabaría redefiniendo la imagen metropolitana de la isla, medio siglo después.

Plan Parcial de la Ciudad del Mar. Proyecto para el ensanche de la zona de Triana. Secundino Zuazo y Carlos Anabitarte, 1962

En 1960, se vuelve a reclamar el concurso de Zuazo para realizar una propuesta de ordenación detallada para ese ámbito estratégico de la ciudad, así como su asesoramiento para la gestión del desarrollo que ello implicaba. Serían los episodios urbanísticos ligados a la llamada Ciudad del Mar y el posterior Plan Parcial de la Avenida Marítima.

Pero eso es otra historia que expresa el continuo proceso para la definición de la ciudad de las altas torres que hoy podemos percibir en las Palmas de Gran Canaria.

Estado de la ocupación del mar en la zona del Parque de San Telmo. Proyecto CIDELMAR. Zuazo y Anabitarte, hacia 1965. Imagen extraida del libro Arquitecturas contemporçaneas de Las Palmas de Gran Canaria. Josçe Luis Gago, 2002

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